El día de su estreno en Lima, jueves 12 de marzo de 2009, fui a ver la La teta asustada, tan aclamada por sus premios en el Festival de Cine de Berlín de este año, como mejor película y como elección de la crítica. Su reconocimiento marca, definitivamente, un antes y un después en la historia del cine criollo peruano. Ello, como insinué en un post anterior, es incuestionable. Luces: calidad formal y franqueza de discurso. La teta asustada es una creación polémica. Me parece que está en la intencionalidad de la directora el plantearlo de esa manera, sentando una posición sobre las realidades que -transversalmente- intenta reflejar. Es cierto que no se le pueden negar méritos, por los que, con toda seguridad, se explica su premiación internacional. Es resaltable el impacto visual de esta ficción de Claudia Llosa, con sus secuencias mostradas de manera ordenada e impecable, una cualidad que es rara de observar en el cine peruano. Desde el punto de vista semántico, las unidades narrativas están bien armadas, con miras a exponer un discurso visual que intenta ser accesible a la comprensión de quienes somos espectadores legos, por lo general sin formación en cuestiones de apreciación cinematográfica.
En ese sentido, la película transmite con solvencia su interpretación particular de las secuelas psicológicas de la guerra interna en nuestro país. Pero, a su vez, ilustra con sinceridad un punto de vista específico (el de los sectores dominantes) sobre la vida de los pobladores de los barrios periféricos de la capital, a los que se muestra sumergidos en tradiciones y folklorismos premodernos, que la obra no escatima en mostrar con mucho colorido, tan del gusto exotista de algunos europeos. Es evidente que estos aspectos (calidad formal y franqueza en el discurso), que marcan una constante en la corta producción de la directora, influyeron en la entrega del "Oso de oro" a La teta asustada.
Sombras: universo distorsionado y lineal. Empero, muchas dificultades se ciernen sobre esta obra. Sus logros no ocultan las trivialidades de su estructuración. Por ejemplo, se abusa de los planos de rostro para reflejar los sentimientos y la condición de Fausta, la joven protagonista, lo cual distorsiona el intento de establecer un contraste con el mundo exterior a su conciencia, que la directora prefiere reflejar mediante panorámicas. Además, las angulaciones de cámara que reflejan una "perspectiva subjetiva", o las que están orientadas en contrapicado (es decir, de "abajo hacia arriba"), sólo tienen el interés de plasmar lo grande que le queda a la joven la realidad limeña, que se muestra ultra-compleja, al límite de lo absurdo. Los personajes del entorno inmediato de Fausta se filman en tomas amplias, se muestran primitivos, absurdos, grotescos. Este surrealismo mal trabajado no aporta en generar una identificación con la película.
Es criticable también la linealidad con la que se cuenta la historia. Ésta no permite establecer vínculos concretos con el pasado de Fausta, que vive con la ansiedad y el temor irracional de ser víctima de una violación similar a la sufrida por su difunta madre. De esta manera, lo que esta obra transmite es el miedo de una mujer que ha desarrollado un comportamiento casi psicótico, aparentemente sin relación con algún problema social o externo. Sólo sabemos que su comportamiento es "herencia" de haber convivido con su madre violentada. Su trauma vuelve a Fausta un molde pasivo, tratado cruelmente por la realidad limeña y sus habitantes. Es inevitable apelar entonces al concepto tradicional de "locura" para explicar lo sucedido a la joven heredera del trauma. El contexto de la obra no da para mayores suposiciones.
Es por estos aspectos que nos topamos con una película que no satisface las expectativas que generó su premiación. Es frustante corroborar que cada toma, escena y secuencia se desarrolla sin elementos que la expliquen mejor y nos lleven a una comprensión más global de lo que se cuenta. No hay saltos en el tiempo, que hubieran sido fundamentales para escarbar en las raíces profundas del conflicto psicológico que se relata. La historia inicia con la muerte de la sufriente madre de la protagonista y termina con la misma ya enterrada, olvidada, llevándose consigo -de una manera inexplicable- los miedos y angustias que aquejan a la joven. La liberación de ésta es inverosímil, poco convincente.
Extrapolación: el "anti-arguedismo" de la Llosa. La obra queda, pues, reducida a la descripción mecánica de un proceso de condicionamiento de la protagonista a lo burdo de un microcosmos urbano-marginal. Sus motivaciones inconscientes la empujan a buscar el dinero necesario para enterrar a su madre, convirtiéndose en empleada de una mediocre artista burguesa, que utiliza las dotes musicales de la joven para reflotar su carrera. Fausta es sometida a una cosificación salvaje. A pesar de ello, cuando consigue su objetivo, vuelve a su mundo, "a donde pertenece", a la paz de su miseria.
Está por demás decir que, en este contexto, la condición acomodada de las clases dominantes no se cuestiona en ningún momento, e incluso se la llega a exaltar (muestra de ello son ciertos desenfoques de cámara en la película, que se utilizan para diferenciar el mundo "civilizado" de la residencia de la patrona, del "caótico" mercadillo popular colindante con su entrada trasera). Es por eso que La teta asustada muestra (así como también Madeinusa, la primera obra de la Llosa) un universo ficcional que yo me atrevería a calificar como anti-arguediano.
Me explico. José María Arguedas, eminente literato indigenista del siglo XX, reflejaba en los personajes de sus obras las formas típicas del espíritu andino: combativo, comunitario, amante del trabajo como fuente de vida y placer. En el devenir de sus obras, iba ampliando el panorama geográfico en que este espíritu y cultura indígenas se manifestaba: pueblos, provincias y, por último, la capital. En cada una de ellas, mostraba las contradicciones que se desarrollaban en aquellos contextos, resaltando el elemento vanguardista y progresista de la conciencia social del pueblo peruano. Sus obras, en ese sentido, son un ejemplo de cómo expresar estas realidades de una manera bella, sin caer en visiones unilaterales ni en panfletarismos.
Por el contrario, Claudia Llosa rompe (¿concientemente?) con la dialéctica arguediana del desarrollo. La reemplaza por una tradicional representación metafísica del "alma" de sus personajes. En La teta asustada hay un símbolo perverso: el ambiente laboral de Fausta la obliga a confrontar el retrato de un militar pariente de la artista. Ello no le provoca odio, indignación, cólera. Le provoca miedo, naúseas. Es el reflejo de la "víctima" que muchos limeños desean ver en las personas que han experimentado las consecuencias de la violencia política en el Perú. Sujetos que no combaten, reducidos al miedo, a los que hay que asistir constantemente, incluso frente a sus propios fantasmas. Conclusión y recomendaciones. No sería extraño ver en próximos proyectos de la directora la misma perspectiva sesgada, y en ese sentido posiblemente su obra se amplíe y se "consolide" (tal vez, desarrollando historias de peruanos inmigrantes en Europa, y así hasta que se agote la fórmula). Es parte de los privilegios de algunos artistas afines a la sociedad actual, posibilitados de acceder a un financiamiento y al apoyo mediático de sus obras. Sólo hay que preocuparse por entretener y/o sorprender a los espectadores con cierto "estilo", y evitar formar en ellos una conciencia de lo real a través del reflejo estético. La Llosa cumple estos requisitos, y los resultados están a la vista.
No quiero apresurarme en hacer proyecciones apresuradas. Lo que sí quiero volver a resaltar es que La teta asustada es un hito en el cine criollo y oligárquico de nuestro país. Y, sin duda, no podemos esperar de éste si no futuras creaciones que se centren, naturalmente, en defender los valores e intereses de aquel sector social. El trabajo de la Llosa y su equipo ha aportado a ese objetivo. No puede esperarse más.
Culmino este post algo extenso recomendando dos cosas: en primer lugar, la lectura de un artículo sobre el tema del crítico de cine Emilio Bustamante, que me parece debe ser tomada en cuenta por su rigurosidad, siempre y cuando no se tenga problemas en conocer el argumento de la película antes de verla. En segundo lugar, sugiero se atienda la perspectiva de Carlos Quiroz, creador del blog Peruanista. Si bien disiento con el énfasis que le pone a su postura indigenista, que me parece distractora de la problemática central de los grupos étnicos originarios de nuestro país, podemos encontrar en un video colgado por él en You Tube algunos elementos más que pueden aportar al juicio de la película ganadora del Festival de Berlín 2009, enfocando la temática del racismo presente en ella.
Quisiera someter a vuestra consideración el tema de la semifeudalidad en nuestra sociedad. Sabemos, por el análisis científico que Mariátegui hizo de la realidad peruana, desarrollado a principios del siglo XX, que el Perú es un país semifeudal y semicolonial. Semifeudal porque persisten formas de servidumbre (en tiempos del Amauta, el gamonalismo y latifundismo), y semicolonial por la creciente presencia de los capitales imperialistas en nuestro territorio (que expolian nuestros recursos naturales y explotan nuestra fuerza de trabajo).
¿Es vigente dicho análisis para la realidad de hoy en nuestro país? La semicolonialidad, considero, es una realidad incontestable. La agobiante presencia de multinacionales que explotan al pueblo y sus riquezas lo confirman. Pero, ¿la semifeudalidad? Aparentemente, la decadencia del gamonalismo y latifundismo da pie para hablar de un Perú encaminado en el modo de producción capitalista. Ya no semifeudal.
Pero hay que tener cuidado con sacar conclusiones apresuradas. Según el profesor sanmarquino Octavio Obando, si bien las reformas velasquistas de los años 60s y 70s eliminaron buena parte de la presencia material de la semifeudalidad, ésta persiste en los afectos y la mentalidad de los sujetos. Y aquí saco a colación algo que suele manifestar en sus clases el profesor (también sanmarquino) Zenón Depaz: no bastan moles de cemento para generar modernidad. Por ejemplo, las actuales obras del municipio limeño (de las que tanto se vanagloria el actual alcalde de Lima) no son garantía de un desarrollo cualitativo de las condiciones de existencia de la población.
En ese sentido, podría concluirse: la semifeudalidad sigue vigente en casos concretos, bajo formas pseudo-capitalistas. Es por eso que, por ejemplo, podemos ver cómo en los barrios residenciales "modernos" de la capital habitan individuos que se sienten señores feudales, no sólo de sus propiedades, sino de su entorno barrial. Se encierran en sus burbujas de falso progreso, ponen rejas en las calles, impidiendo el tránsito de la gente que "no son como ellos". O es por eso, a su vez, que existen patrones que tratan a sus empleados como siervos, y los someten a una dependencia sistemática, donde ni siquiera se considera la fuerza de trabajo como una mercancía valiosa, sino subestimable (de ahí la política del "cholo barato"). Estas realidades muestran lo invertida que se encuentra nuestra conciencia social, la cual es necesaria de revolucionar radicalmente: atacando sus causas. La alienación, tema ampliamente tratado en la filosofía científica, sigue siendo un problema a combatir.
Sin pretender caer en verificacionismo positivista, inserto aquí en este post un "indicio" de lo afirmado: un video que colgué en You Tube, de un incidente que me ocurrió el pasado martes 10 de marzo. En él puede verse como intentan desalojar a mi mascota Laika de un parque público que queda a cuatro cuadras de mi casa, puesto que algunos vecinos del mismo lo consideran su "propiedad privada", y ello a pesar de que no infrinjo ninguna norma municipal sobre paseo de mascotas. Al parecer, la acción de mis "buenos vecinos" fue motivada por paralogismos como éste: "Si queda cerca de mi casa, es mi latifundio, mi chacra. Por ello, la puedo enrejar y dedicarme a botar a toda persona extraña a ella".
Nótese cómo se me califica de "enfermo mental" sólo por cuestionar estas formas tradicionales de pensar, y sobre todo cuando manifiesto que soy estudiante de filosofía. El incidente ocurrió la tarde del martes 10 de marzo de 2009, en la calle Río Ucayali, de la Urb. Los Alamos, en la zona de Salamanca (Lima, Perú), que es donde vivo. Utilizo terminología liberal, que al parecer ni siquiera es del agrado de ciertos sectores ultraconservadores de mi ciudad.
Pido disculpas anticipadas por ciertas afirmaciones incongruentes que vierto en ese video (como, por ejemplo, mi expresión "este es un espacio publicitario" en lugar de "espacio público") dichas al calor de la discusión.
Los premios Oscar no son de mi agrado. La calidad de las películas premiadas es voluble y responde a expectativas comerciales y/o esnobistas, más que a criterios auténticamente estéticos. Los relativismos salen sobrando ante esta idea, que creo que está lo suficientemente socializada entre quienes nos resistimos a ser vistos como simples clientes o consumidores.
Sin embargo, nunca está demás echarle un vistazo a las producciones cinematográficas que hacen las delicias de los sectores biempensantes en los Estados Unidos. Hoy tuve la oportunidad de ver, por "medios alternativos" (interpreten esta expresión), la película Slumdog Millionaire, que trata sobre un joven hindú inculto que gana el premio mayor en programa concurso de preguntas, al responder a éstas sobre la base de sus propias vivencias. Esta obra ganó ocho estatuillas en la última ceremonia de los Oscar, incluyendo la que corresponde a la mejor película. Veamos, pues, algunos aspectos en torno a ella.
Consideremos aspectos positivos. La idea de que el conocimiento surge de la experiencia es el transfondo de una película optimista, bien trabajada en los aspectos formales, que juega con los tiempos con pericia, enfocando diversos aspectos de la vida de sus personajes marginales. Esta manera "fresca" de contar la película es típica del mainstream cinemero estadounidense. Una larga tradición respalda estas virtudes.
No obstante estos aspectos rescatables, el mensaje transmitido no pasa de ser el de una historia convencional, que juega con la ignorancia que muchas personas tienen sobre las leyes que rigen el azar. La idea primitiva de que todo ocurre por una fatalidad, que aplasta a unos y acaricia a otros, es más que notoria. En la escena final, se explicita que todo lo que sucede "está escrito", en un sentido de predestinación. ¿Un paliativo a las continuas frustraciones que se viven en el capitalismo? Por supuesto.
Pero hay más. Esta película ha renunciado explícitamente al mito del progreso individual, o a lo que Weber llamaba el "espíritu del capitalismo". Es decir, a la premisa básica del éxito como originado por el esfuerzo y sudor de los "emprendedores". El universo (no tan) ficcional de esta obra es claro: los bienes ya tienen dueños, sólo queda aunarse a ellos y a sus métodos de trabajo para triunfar.
Es algo así como decir: "señores, el negocio se ha cerrado. Sólo quedan puestos en el sicariato, ¿alguno se anima?". Pero, de no poder hacer ello, siempre queda la opción de venderse como objeto de exhibición en un programa televisivo, donde puedan obtenerse los proverbiales "quince minutos de fama". Y esto es lo que hace el personaje principal de la película, hipotéticamente para llamar la atención de una bella joven arribista.
Por cierto: ya van algunas películas que son reconocidas en las premiaciones oficiales por dar este tratamiento light a la realidad del proletariado tercermundista. Es decir, emiten descripciones (muchas veces falseadas) de las vidas marginales para luego olvidarse de mostrar las causas de su deshumanización. ¿Será esto el inicio de una tendencia, que trata de desviar la atención en torno a la mediocridad (casi por antonomasia) de los grupos de poder capitalista? No sé, pero al menos todo esto resulta muy sospechoso.
En conclusión, en Slumdog Millionaire (algo así como "perro de barriada millonario", en inglés) pesa más lo negativo. Su real valor, en todo caso, consiste en que desnuda, inconscientemente, la conciencia social dominante: adáptate al sistema. Si has nacido para ello, triunfarás; pero no juguemos con las probabilidades: es mejor que te resignes a vivir como un paria. Total, así es el destino. ¿Qué le vamos a hacer?
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha logrado persuadir al 54,86% de los ciudadanos de esta nación sudamericana en su propuesta de reforma de la Constitución, de tal manera que posibilite que las autoridades vigentes sean reelegidas continuamente, al permitirles participar constantemente de los procesos electorales. Ello se desprende del informe oficial del Consejo Nacional Electoral de aquel país, en torno al referéndum del domingo 15 de febrero de 2009.
En Venezuela, como en Bolivia, impera un nacionalismo que no deslinda con la fuente de la explotación del hombre por el hombre: la propiedad privada sobre los medios de producción. Lo cual no implica que, cegado por una posición nihilista, desconozca los avances que representa todo proceso político de interés popular. Y en el país de Bolívar los cambios se están dando a pasos galopantes, lo cual genera condiciones para una mejor organización y empoderamiento de la clase proletaria.
Hoy en día, el llamado "proyecto bolivariano" (denominado también "Socialismo del Siglo XXI") se viene consolidando, barriendo con las formas tradicionales de hacer política dentro del sistema político venezolano. La burguesía intermediaria (a cuyo favor están plegados casi todos los medios comunicacionales) ha perdido la hegemonía frente a la burguesía nacional. Y ésta, bajo la dirección de Hugo Chávez, consolida sus aspiraciones geopolíticas de unificar a Indoamérica, y desarrollarla como potencia mundial.
Pero hay dificultades en este devenir. El plan de las "tres R" (revisión, rectificación e reimpulso revolucionario) anunciado por el PSUV no está muy claro en su sentido económico, y quedan dudas sobre si la actual crisis va a permitir seguir sustentando las políticas asistencialistas del Estado Benefactor que ha sido legitimado por el pueblo venezolano.
El pueblo llanero necesita, urgentemente, una mayor orientación y dirección por parte de sus mejores hijos. Chávez no es eterno y, si bien la gente está ahorita encandilada con sus dotes oratorias y su vocación nacionalista, las auténticas revoluciones necesitan mucho más que la elocuencia de un individuo.
Con todo, algo es muy cierto: una creciente politización de las masas es indicador de un desarrollo notable en la organización de las mismas. La politización implica la movilización social, una de las formas más elevada de la práctica social. Y la práctica social es fuente de verdad, manantial de enseñanzas para el pueblo trabajador.
Acabo de enterarme que, el día de hoy, la última película de la peruana Claudia Llosa (llamada, disonantemente, La teta asustada) ha ganado el premio mayor del Festival del Cine de Berlín, el "Oso de Oro". En ella (de acuerdo a la página oficial de la obra), se narra la historia de una joven que hereda los traumas del conflicto armado en el Perú, iniciado en los ochentas.
Inmediatamente, se me viene a la memoria la infame película Madeinusa (que en su momento fue objeto de mucha polémica), de la misma directora, que reflejaba en ella una mentalidad prejuiciosa y feudal, puesto que se hacía transmisora del clásico desprecio de la patronal contra las formas populares de vida (en la película se veía a una comunidad andina llena de defectos y envilecida, pero sin mencionar las causas reales de ese estado). Una calumnia parecida a la de Vidas paralelas, película de Roció Lladó, que transmite una visión sesgada de la época de la guerra interna, a favor de las fuerzas militares del Estado, y por ende encubridora de sus crímenes contra el pueblo peruano.
Como poco se consigue buscando explicaciones en cuestiones subjetivas o meramente individuales, me remito a la formación de la Llosa (pariente del inefable Escribidor, promotor de las ideas del imperio) en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima. Dudo muchísimo, por la posición de clase empresarialista que caracteriza la formación en esta universidad, que la intención de Madeinusa no haya sido la más pura y neta difamación contra el campesinado peruano, adornada y "fundamentada" con arreglos formales. Es decir, dudo que no sea un insulto más al proletariado por parte de la mediocre burguesía.
Sin embargo, la película premiada merece la mayor atención y análisis serios, toda vez que la Berlinale es el festival que, a nivel mundial, le da más importancia al contenido (sobre todo político) que a la forma. Ello implicaría, por lo menos, que la película es más persuasiva y menos farsesca que la opera prima de la directora limeña. Habría que evaluarse, por lo tanto, y con el mayor rigor, si esto no representaría solamente una sutilización de la perspectiva que los grupos de poder tienen contra la vida de las clases populares. O si tal vez constituye un giro en las maneras con que la directora aborda los conflictos sociales, hacia un enfoque más crítico, menos alienante.
El desaforado y calumnioso comentario de un troll anónimo me ha suscitado (por supuesto, sin espíritu de revancha hacia la nada, que nada es) el deseo de retomar mis apuntes autobiográficos. Ha pasado ya más de un año desde que empecé a escribir al respecto.
Vuelvo a reiterar los objetivos de esta sección del blog: mi interés no se encuentra en hacer alarde de mi vida, con la finalidad de hacer un elogio de mi persona. Si ese fuera el caso, pondría maravillas sobre mi vida, cuestión que no he plasmado en ningún escrito público ni privado. Menciono cosas positivas y negativas, tratando de ser autocrítico e ir a las causas concretas de mis diversos pasos de vida. Y, a su vez, exponer mi proceso de desarrollo, desalienarme y socializar mi experiencia en servicio del pueblo. Recomienzo, pues, la tarea.
Parte II: pubertad, educación cristianizante y ciertas aproximaciones a la realidad. Decía al final de la primera parte de esta sección que mi niñez me dejo una "primera capa de alienación que barnizaba mi ser", ya que me educaron en separar en mi mente y en mi praxis el trabajo intelectual del trabajo manual. Sin embargo, con los noventas habría de desarrollarse una década en la que nuestro país vio obstaculizado su proceso de cambios, en consonancia con las exigencias de los movimientos sociales. Fue una época traumática, donde la violencia inflingida por los agentes nacionales del imperialismo contra toda forma de protesta social dejó una huella que hasta ahora permanece en la conciencia de las masas.
Mi vida personal no fue ajena a ello. Mi pubertad la inicié con una preparación catequística para el sacramento de la primera comunión. La potencia de los mitos cristianos en el ambiente sectarizado de una parroquia de clase media -el "Nuestra Señora de la Esperanza", en la zona de Salamanca, distrito de Ate- fue muy efectiva. Me parecieron muy interesantes las historias de la Biblia, por su nivel de fantasía, y por sus contenidos moralizantes.
Pero una cosa era el aprendizaje y otra la praxis concreta en estos ambientes religiosos. En mis compañeros de formación catequética, no podía dejar reflejarse una época donde el neoliberalismo empezaba a considerarse como la solución a todos los conflictos sociales, y la promoción del "espíritu de empresa" se consideraba la panacea. Notaba en muchos niños algo que no podía procesar racionalmente, y que sólo ahora identifico como clasismo. Esas diferenciaciones (del tipo "yo tengo mucho, tú tienes poco") me parecieron absurdas. Sólo me impresionaba lo aferrado a las cosas que estaban algunos niños, algo que no encajaba con mi educación, condicionada por mi pobreza material. En ese contexto, inicié mi "segunda fase" de formación en la ideología católica.
Sin embargo, lo que considero realmente un hito en mi vida es mi aproximación a la realidad con la lectura de una famosa historieta de los años 80: El Cuy, de Juan Acevedo. Uno de mis tíos maternos -el que se hizo cargo de mi manuntención, hoy fallecido- había juntado, de manera un poco temerosa por la absurda represión del aprismo, ejemplares de el "Diario Marka" (un períodico de izquierda de los ochentas). Ahí venían esas historietas, entre otras que trataban de reflejar un poco la realidad que vivíamos en el Perú. Pero, estando en Lima, ellas no pasaron de parecerme un interesante reflejo de lo que sucedía en zonas lejanas, tan lejanas que hasta llegaba a concebir como imaginarias. La rutina de mis familiares, de pasar el día para sobrevivir, no les permitía darme nociones sobre lo que sucedía en un país tan conflictivo como el nuestro. Sólo mi tío me hablaba de transformar el mundo y eliminar las sociedades de clase, pero en un lenguaje que no entendía.
Luego vino la secundaria, época que abordaré en la próxima entrada de esta autobiografía.
Ya es oficial. Al 100% de las actas computadas, la nueva Constitución en Bolivia, según la Corte Nacional Electoral de ese país, ha sido aprobada con el 61,43% de los votos. Paralelamente, se elimina el latifundio superior a las cinco mil hectáreas de superficie, cuestión sancionada por los electores con un aplastante 80,65% de votos.
La democracia representativa tiene sus bemoles y complejidades. El aparato del Estado burgués, ya sea imperialista o nacionalista, debe hacer muchos esfuerzos para contar con la aquiescencia del pueblo. En este caso, el proceso electoral boliviano, desarrollado el último 25 de enero, ha tenido como consecuencia la sanción de una Carta Magna nacionalista e indigenista.
Sin embargo, el régimen de la propiedad privada sigue viéndose como una necesidad en este texto. Lo cual hace problemático denominar "socialista" al carácter de la política del Estado boliviano.
Evo Morales, nadie lo puede negar, es un político carismático. Sus raíces campesinas, sin embargo, no lo hacen inmune a las críticas de quienes consideramos que, mientras no siente las bases para que el régimen de la plusvalía sea desactivado, no pasará de ser un líder populista.
Es de esperarse que la política interna de nuestro vecino país consolide una dinámica distinta a la que ha tenido en las últimas décadas, y que ya viene ensayando desde hace unos años. Por su parte, los pueblos deben aprovechar los espacios que les brinda la legalidad opresora para avanzar en la consecución de sus intereses objetivos, pero sin caer en la línea de los dirigentes que quieren reducirlo todo a legalismos o a cuestiones de ánforas.
En toda Latinoamérica es necesario barrer con los intereses de las oligarquías, y hacer lucha abierta contra ellas, tanto en el frente político como cultural. Pero, en cuanto se consiga el objetivo inmediato, nuevos frentes de lucha deben abrirse. Ni las masas, ni los cuadros proletarios organizados, podrían contentarse con lo que sólo representa el inicio de un proceso. Hay que planificar, contra lo que piensan los hayistas, una transformación continua en todos los espacios y tiempos.
El nombre de esta bitácora está vinculado a la afirmación de Mariátegui en sus Siete Ensayos:
"Si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de meter toda mi sangre en mis ideas"
Presentación
Este blog pretende ser, en parte, un reflejo de la concepción del mundo de su autor, en el proceso de su inserción progresiva al contexto de lo real. Para mayores detalles, revísese la entrada inicial.
Todo comentario y crítica serán bienvenidos, mientras no sean falaces ni ofensivos. Téngase en cuenta, en ese sentido, que esta no es una plataforma para formas unilaterales de pensamiento, aun cuando estas se autoproclamen socialistas, liberales y/o tradicionalistas.