16 marzo 2009

El universo anti-arguediano de "La teta asustada"

El día de su estreno en Lima, jueves 12 de marzo de 2009, fui a ver la La teta asustada, tan aclamada por sus premios en el Festival de Cine de Berlín de este año, como mejor película y como elección de la crítica. Su reconocimiento marca, definitivamente, un antes y un después en la historia del cine criollo peruano. Ello, como insinué en un post anterior, es incuestionable.

Luces: calidad formal y franqueza de discurso
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La teta asustada es una creación polémica. Me parece que está en la intencionalidad de la directora el plantearlo de esa manera, sentando una posición sobre las realidades que -transversalmente- intenta reflejar. Es cierto que no se le pueden negar méritos, por los que, con toda seguridad, se explica su premiación internacional. Es resaltable el impacto visual de esta ficción de Claudia Llosa, con sus secuencias mostradas de manera ordenada e impecable, una cualidad que es rara de observar en el cine peruano. Desde el punto de vista semántico, las unidades narrativas están bien armadas, con miras a exponer un discurso visual que intenta ser accesible a la comprensión de quienes somos espectadores legos, por lo general sin formación en cuestiones de apreciación cinematográfica.

En ese sentido, la película transmite con solvencia su interpretación particular de las secuelas psicológicas de la guerra interna en nuestro país. Pero, a su vez, ilustra con sinceridad un punto de vista específico (el de los sectores dominantes) sobre la vida de los pobladores de los barrios periféricos de la capital, a los que se muestra sumergidos en tradiciones y folklorismos premodernos, que la obra no escatima en mostrar con mucho colorido, tan del gusto exotista de algunos europeos. Es evidente que estos aspectos (calidad formal y franqueza en el discurso), que marcan una constante en la corta producción de la directora, influyeron en la entrega del "Oso de oro" a La teta asustada.

Sombras: universo distorsionado y lineal.
Empero, muchas dificultades se ciernen sobre esta obra. Sus logros no ocultan las trivialidades de su estructuración. Por ejemplo, se abusa de los planos de rostro para reflejar los sentimientos y la condición de Fausta, la joven protagonista, lo cual distorsiona el intento de establecer un contraste con el mundo exterior a su conciencia, que la directora prefiere reflejar mediante panorámicas. Además, las angulaciones de cámara que reflejan una "perspectiva subjetiva", o las que están orientadas en contrapicado (es decir, de "abajo hacia arriba"), sólo tienen el interés de plasmar lo grande que le queda a la joven la realidad limeña, que se muestra ultra-compleja, al límite de lo absurdo. Los personajes del entorno inmediato de Fausta se filman en tomas amplias, se muestran primitivos, absurdos, grotescos. Este surrealismo mal trabajado no aporta en generar una identificación con la película.

Es criticable también la linealidad con la que se cuenta la historia. Ésta no permite establecer vínculos concretos con el pasado de Fausta, que vive con la ansiedad y el temor irracional de ser víctima de una violación similar a la sufrida por su difunta madre. De esta manera, lo que esta obra transmite es el miedo de una mujer que ha desarrollado un comportamiento casi psicótico, aparentemente sin relación con algún problema social o externo. Sólo sabemos que su comportamiento es "herencia" de haber convivido con su madre violentada. Su trauma vuelve a Fausta un molde pasivo, tratado cruelmente por la realidad limeña y sus habitantes. Es inevitable apelar entonces al concepto tradicional de "locura" para explicar lo sucedido a la joven heredera del trauma. El contexto de la obra no da para mayores suposiciones.

Es por estos aspectos que nos topamos con una película que no satisface las expectativas que generó su premiación. Es frustante corroborar que cada toma, escena y secuencia se desarrolla sin elementos que la expliquen mejor y nos lleven a una comprensión más global de lo que se cuenta. No hay saltos en el tiempo, que hubieran sido fundamentales para escarbar en las raíces profundas del conflicto psicológico que se relata. La historia inicia con la muerte de la sufriente madre de la protagonista y termina con la misma ya enterrada, olvidada, llevándose consigo -de una manera inexplicable- los miedos y angustias que aquejan a la joven. La liberación de ésta es inverosímil, poco convincente.

Extrapolación: el "anti-arguedismo" de la Llosa.
La obra queda, pues, reducida a la descripción mecánica de un proceso de condicionamiento de la protagonista a lo burdo de un microcosmos urbano-marginal. Sus motivaciones inconscientes la empujan a buscar el dinero necesario para enterrar a su madre, convirtiéndose en empleada de una mediocre artista burguesa, que utiliza las dotes musicales de la joven para reflotar su carrera. Fausta es sometida a una cosificación salvaje. A pesar de ello, cuando consigue su objetivo, vuelve a su mundo, "a donde pertenece", a la paz de su miseria.

Está por demás decir que, en este contexto, la condición acomodada de las clases dominantes no se cuestiona en ningún momento, e incluso se la llega a exaltar (muestra de ello son ciertos desenfoques de cámara en la película, que se utilizan para diferenciar el mundo "civilizado" de la residencia de la patrona, del "caótico" mercadillo popular colindante con su entrada trasera). Es por eso que La teta asustada muestra (así como también Madeinusa, la primera obra de la Llosa) un universo ficcional que yo me atrevería a calificar como anti-arguediano.

Me explico. José María Arguedas, eminente literato indigenista del siglo XX, reflejaba en los personajes de sus obras las formas típicas del espíritu andino: combativo, comunitario, amante del trabajo como fuente de vida y placer. En el devenir de sus obras, iba ampliando el panorama geográfico en que este espíritu y cultura indígenas se manifestaba: pueblos, provincias y, por último, la capital. En cada una de ellas, mostraba las contradicciones que se desarrollaban en aquellos contextos, resaltando el elemento vanguardista y progresista de la conciencia social del pueblo peruano. Sus obras, en ese sentido, son un ejemplo de cómo expresar estas realidades de una manera bella, sin caer en visiones unilaterales ni en panfletarismos.

Por el contrario, Claudia Llosa rompe (¿concientemente?) con la dialéctica arguediana del desarrollo. La reemplaza por una tradicional representación metafísica del "alma" de sus personajes. En La teta asustada hay un símbolo perverso: el ambiente laboral de Fausta la obliga a confrontar el retrato de un militar pariente de la artista. Ello no le provoca odio, indignación, cólera. Le provoca miedo, naúseas. Es el reflejo de la "víctima" que muchos limeños desean ver en las personas que han experimentado las consecuencias de la violencia política en el Perú. Sujetos que no combaten, reducidos al miedo, a los que hay que asistir constantemente, incluso frente a sus propios fantasmas.

Conclusión y recomendaciones.
No sería extraño ver en próximos proyectos de la directora la misma perspectiva sesgada, y en ese sentido posiblemente su obra se amplíe y se "consolide" (tal vez, desarrollando historias de peruanos inmigrantes en Europa, y así hasta que se agote la fórmula). Es parte de los privilegios de algunos artistas afines a la sociedad actual, posibilitados de acceder a un financiamiento y al apoyo mediático de sus obras. Sólo hay que preocuparse por entretener y/o sorprender a los espectadores con cierto "estilo", y evitar formar en ellos una conciencia de lo real a través del reflejo estético. La Llosa cumple estos requisitos, y los resultados están a la vista.

No quiero apresurarme en hacer proyecciones apresuradas. Lo que sí quiero volver a resaltar es que La teta asustada es un hito en el cine criollo y oligárquico de nuestro país. Y, sin duda, no podemos esperar de éste si no futuras creaciones que se centren, naturalmente, en defender los valores e intereses de aquel sector social. El trabajo de la Llosa y su equipo ha aportado a ese objetivo. No puede esperarse más.

Culmino este post algo extenso recomendando dos cosas: en primer lugar, la lectura de un artículo sobre el tema del crítico de cine Emilio Bustamante, que me parece debe ser tomada en cuenta por su rigurosidad, siempre y cuando no se tenga problemas en conocer el argumento de la película antes de verla. En segundo lugar, sugiero se atienda la perspectiva de Carlos Quiroz, creador del blog Peruanista. Si bien disiento con el énfasis que le pone a su postura indigenista, que me parece distractora de la problemática central de los grupos étnicos originarios de nuestro país, podemos encontrar en un video colgado por él en You Tube algunos elementos más que pueden aportar al juicio de la película ganadora del Festival de Berlín 2009, enfocando la temática del racismo presente en ella.

4 comentario(s):

Gabriela dijo...

Hola:

Desgraciadamente creo que no pasarán la película en los cines de Chile. Esta es una plaza muy dada a lo yanqui y rara vez dan películas de otros paises. Sólo la podré ver si la consigo informalmente o espero un festival alternativo.

Arguedas es uno de mis escritores predilectos. He leído mucho sobre él.

Saludos.

Gabriela González
gaviota10fortuna@hotmail.com

litio dijo...

Aunque tengo varios reparos a esta película en términos narrativos, me parece que tu interpretación es algo abusiva. No entiendo cómo así se puede considerar "fundamental" incluir saltos en el tiempo (un recurso estilístico como cualquier otro, jamás indispensable en ninguna obra), y tampoco veo qué más querías que te digan sobre la relación entre el problema psicológico de la protagonista y las condiciones externas que lo originaron. La madre le transmitió el miedo a la violación; si no quieres creer en la explicación mítica puedes decir que lo hizo a través del lenguaje, da igual, a mí me pareció bastante claro. La pasividad de la protagonista es también explicada como parte de la historia y se resuelve claramente dentro de los parámetros de la misma historia a través de sus relaciones con los personajes de la patrona, el jardinero y el tío. Si bien la resolución se da de manera un poco precipitada (algo torpe en mi modesta opinión), la liberación de los miedos ocurre ahí, no es inexplicable.
Las representaciones de Arguedas son ciertamente bellas, pero ¿por qué la necesidad de plantearlas confrontacionalmente? ¿Acaso hay un solo "espíritu andino"? ¿Cuál es el problema con realizar una representación del "alma", por lo demás tan presente en los imaginarios andinos? Por último, si Fausta vomita como víctima la primera vez que ve la foto del militar, la segunda vez ya no le provoca miedo, en lo que la película plantea (creo que incluso demasiado explícitamente) como una marca de evolución del personaje.

Francisco Ramos dijo...

Correcto, litio. No discuto que hayan distintas "visiones" de la realidad andina, pero hay que ubicarlas mejor, más allá de subjetivismos. Considero que la perspectiva del "alma" andina reflejada en la película es una perspectiva clasista, vinculada a los grupos de poder en nuestro país. No es tanto un reflejo del imaginario andino. Es una interpretación del mismo, por cierto muy despectivo.

Por otro lado: en la película se plantean explicaciones para los traumas de la protagonista, por supuesto, pero éstas no son verosímiles. Eso le quita fuerza argumentativa al discurso cinematográfico que se plantea. Los símbolos son mediaciones para transmitir un mensaje, pero en la película tenemos mucho "cable pelado", aparte de que Fausta es demasiado esquemática, su espíritu es muy cuadriculado y excesivamente contrastante con los entornos en los cuales se la ubica.

Me reafirmo en mis apreciaciones. Aún cuando tengo pendiente un segundo vistazo a la película.

Regina LC dijo...

Me pregunto si este tipo de apreciaciones se darían de ser la directora de rasgos y origen andino, digamos una Magaly Solier dirigiendo a otra Magaly Solier. Hay demasiado estereotipo en las observaciobes la película.

Tomaré una de tus afirmaciones:
en la película se plantean explicaciones para los traumas de la protagonista, por supuesto, pero éstas no son verosímiles.

Digo, la madre canta al principio cómo fue violada y cómo asesinaron a su esposo mientras ella aún estaba embarazada de Fausta. Los traumas de los padres pueden ser transmitidos a los hijos. No se necesita ser Freud ni Lacan para saberlo, y lo de la teta asustada es solo una forma metafórica de asumirlo. O es que no has visto la película con los subtítulos o, simplemente, tienes la misma mala leche de César Hildebrandt que se hace el que no entiende ciertos aspectos solo para denostarla.

La reacción de Fausta ante el militar (o el reflejo de su imagen como militar) ¿por qué tiene que ser de determinada forma, mi estimado? Es un personaje, es ficción, no necesariamente responde a una colectividad que, por lo demás, encasillas en un determinado tipo de reaccionar y pensar. Las personas pertenecemos a colectividades pero también nos define nuestra particularidad. No tomes la película como un documental, que no lo es. Hay que ser bastante básico para pensar que esa representación es la que corresponde a todos los peruanos que han experimentado las consecuencias de la guerra política y que esa fue la intención de la directora. ¿O, tal vez, te hubiera parecido correcto que, en vez de vomitar, se pusiera de pie y entone vivas rabiosas a la guerra popular? No ¿verdad?

Me explico. José María Arguedas, eminente literato indigenista del siglo XX, reflejaba en los personajes de sus obras las formas típicas del espíritu andino: combativo, comunitario, amante del trabajo como fuente de vida y placer. Un solo comentario a esto: es lo que yo llamo "racismo a la inversa".

Ese tipo de afirmaciones y que, además, le des tribuna al fanático de Peruanista, cuyas "crítica" no tiene pies ni cabeza (tú, al menos, explicas, él no realiza sustento alguno) le quitan seriedad a la crítica.