La condición del ateo

Ateo es el que niega la existencia de dios, afirma la RAE (http://bit.ly/4qsikr). Pero esta definición abre más dudas que certezas. Cosa esperable para una definición negativa: cuando yo afirmo que soy ateo, digo lo que no soy (no soy creyente), pero no explicito lo que soy. Es por eso que ser ateo puede implicar numerosas formas de ser. Parafraseando a Aristóteles: ser ateo se dice de muchas maneras.
Es por eso que no podemos quedarnos como meros negadores escépticos de la existencia de dios. Pero eso no significa que debemos contentarnos con formar parte de una pluralidad lineal de matices ateístas. De manera análoga a lo que hacía el Estagirita con respecto al "ser en tanto que ser" (investigando sobre cuál es la principal manera de predicar sobre éste), podríamos determinar el aspecto principal de "ser ateos en tanto que ateos", más allá de etiquetas secundarias que querramos ponernos.
Eso significa que hay que evaluar la práctica de quien dice ser ateo y que, a la vez, desea ser un integrante de avanzada en esta sociedad. Para ello no bastan discursos formalmente intachables, replicando argumentos religiosos. O textos incendiarios escritos por individuos que, a pesar de deslindar verbalmente con la religión organizada, en la realidad concreta concilian con los intereses de la misma, al no denunciar el transfondo económico y político del sistema que le da vida.
Consideremos que el ateo no forma parte de una clase social aparte entre los seres humanos, sino que también está sujeto a situaciones concretas y a ideologías concretas. Estas últimas pueden ser reaccionarias, conservadoras, reformistas o revolucionarias. A partir de ellas, el no-creyente interpreta el mundo y propone actuar sobre él.
Teniendo en cuenta lo expresado líneas arriba, ¿cuál es el aspecto principal de la condición atea, la que lleva en sí el futuro del ser-ateo? Por un lado, el nihilismo es simplista y jamás ha apuntado a desarrollos. De otro lado, los críticos de las instituciones eclesiásticas han dado su mayor aporte en la época de la Ilustración, pero su activismo es limitado en la actualidad en una sociedad en franco proceso de secularización. Es por ello que habría que postular un ateísmo radical, que contribuya a la socialización de un pensamiento liberador, que cumpla con el programa heroico de gestar valores nuevos dentro de una posible sociedad nueva.
Pero, ¿cómo sería ese ateísmo radical? Esa es ya otra pregunta. Aún mi reflexión es algo inmadura para responder esta pregunta, sin caer en subjetivismo. Sólo podría deslizar una idea inspirada en un pensamiento de Mariátegui: no seremos forjadores de un mundo mejor por ser meramente ateos, sino que somos ateos porque queremos ser forjadores de un mundo mejor.