26 agosto 2018

Las actitudes frente a la inmigración


La masiva movilización de personas que por diversas razones abandonan su localidad originaria para ocupar una ajena, es una característica importante del devenir histórico del hombre. Así fue, por ejemplo, la llegada de Abraham a tierras palestinas, descrito en Génesis 20. En aquel tiempo, los palestinos originales (filisteos), un pueblo en formación, no vieron en su real dimensión las motivaciones teocráticas bajo las cuales llegó el "padre de muchas naciones", y los recibieron con cierto aire de superioridad. Su rey incluso quiso tomar para sí a la muy atractiva Sara, esposa del patriarca, intención que depuso al conocer el transfondo religioso de aquella visita. Simplemente tuvo que allanarse a la voluntad de Dios y ceder territorio. Fue el germen del plan salvífico, que en ese episodio actuó sin derramar una sola gota de sangre.

En nuestro tiempo, los éxodos masivos no se hacen para cumplir misiones de apropiación territorial con permiso divino. Tal mística de la antigüedad (y también de la historia del colonialismo moderno) se debió a que los pueblos del pasado, cuando migraban, migraban en nombre de su Estado. Y el Estado tiene (siempre ha tenido) sus mitos y sus estratagemas ideológicas para orientar a la masa en la obtención de sus objetivos. En cambio, los migrantes de hoy lo hacen en condición de parias. Seres autoexiliados de su sociedad, viajan cual aventureros, algunos en son de paz, a trabajar y a progresar con su propio sudor, y otros sin tantas buenas intenciones. En ambos casos, no hay mitos que motiven el desplazamiento territorial, solo necesidades meramente materiales, y métodos mundanos para satisfacerlas.

La categoría de migrante se particulariza al instalarse en la localidad ajena, y entonces a estos viajeros asentados se los conoce como in-migrantes (los migrantes que ya están dentro del territorio de destino). En este texto no describiré el proceso de movilización, que se caracteriza por desarrollarse con múltiples obstáculos, con experiencias del tipo que dio materia prima para escribir la inmortal "Odisea". Más bien, me interesa analizar las actitudes que aparecen en los habitantes originales del lugar, una vez que los migrantes ya se han asentado entre ellos. Me interesa evaluar las actitudes frente a la inmigración, es decir, las reacciones que genera la presencia del visitante de otras tierras.

Una primera actitud, que me parece la más perniciosa, es considerar al inmigrante como un ser completamente Otro. Es verdad que el recién llegado también puede considerar al habitante nativo de la misma manera. Pero el problema de la indiferencia recíproca (independientemente de quién haya empezado con ello) provoca una partición de la sociedad, ya no en clases sociales, como típicamente se clasifica, sino en grupos étnicos que perviven y superviven aislados unos de otros. Los lazos sociales se dan, por supuesto, pero solo es a partir de la interacción económica básica (intercambio de productos) o en el entorno laboral (vínculo entre contratados y subcontratados). No puede esperarse de ello la integración de los individuos, ni siquiera en el largo plazo, pues ¿qué estabilidad o desarrollo social puede engendrarse con una actitud así?

Una segunda actitud, que es típica de la superficial cultura moderna, es la tendencia a cosificar al inmigrante por sus cualidades y posibilidades meramente externas. Por ejemplo, calificar a los visitantes de repugnantes o deseables en sentido sexual, o de aprovechables o inútiles en sentido económico, podría no pasar de una reacción individual de personas groseras y poco educadas. Sin embargo, al generalizarse los calificativos en el mismo sentido, refleja una gran negligencia en las maneras en que las familias locales instruyen moralmente a sus integrantes, dejando que los impulsos emocionales afloren y hasta gobiernen la zona mental de interpretación, priorizando el deseo y la ambición como los criterios principales de valoración antropológica. Demás está decir que brilla por su ausencia un elemental mecanismo de censura frente a los pensamientos contrarios a la dignidad ajena.

Una tercera actitud es juzgar al inmigrante como un ser malvado y de tendencias delincuenciales. Se desarrolla así la perspectiva xenofóbica (1), que engendra una demonización del diferente y, por lo tanto, es contraria a toda caridad y compasión. Esta actitud ignora, además, las causas profundas de las migraciones. Refleja, pues, no solo un desconocimiento de los procesos sociales a nivel mundial (algo que suele ser normal), sino también un olvido de la propia historia, ya que toda región del planeta ha tenido sus momentos de crisis y sus necesidades de emigración más o menos masivas. Por lo general, dicha actitud suele ser soliviantada por líderes políticos que se prestan a campañas de ocultamiento de los problemas internos de una sociedad, lo cual le genera réditos políticos, porque el vulgo aspira a sentirse mejor que el resto de la humanidad, sin mayor esfuerzo que el apego a una ideología discriminatoria.

Por último, una cuarta actitud es la recepción acrítica y sumisa de la inmigración. Para algunas personas, contagiadas de alguna versión deformada de cosmopolitismo multiculturalista, la presencia de influencias culturales exóticas ayuda a un mejor desarrollo de la comunidad, cualesquiera que estas sean. Sin embargo, esta actitud peca de ingenuidad, al menos respecto de las reales posibilidades de aportación del grupo visitante. Si, como hemos dicho al inicio, los éxodos de hoy no se dan con patrocinio estatal o intencionalidad de conquista, sino a la manera típicamente gitana y nómade, entonces no podemos esperar un florecimiento cultural a partir de la presencia de los individuos llegados de otras tierras. Muchas veces, detrás de esta actitud allanada existe una especie de minusvaloración de la propia cultura. Pero no es saludable buscar remover nuestras raíces en medio de la confusión.

En conclusión, ya sea que la inmigración provoque indiferencia, minusvaloración, odio o aprobación excesivos, no cabe duda que ella forma parte de procesos irreversibles, es decir, que no se pueden desconocer como parte intrínseca de la historia de la humanidad. Particularmente criticable es intentar ningunear las alteraciones psicosociales que genera la presencia inmigrante, tildándolas de meras especulaciones, como si fueran desvíos de la razón que no deberían ponernos en expectativa de cambios importantes en nuestro porvenir colectivo. No, señores. Para bien o para mal, los foráneos son protagonistas de progresos y retrocesos dentro de una sociedad, y nosotros deberíamos saberlo especialmente, dada nuestra condición de herederos de antiguos campesinos devenidos en hombres de ciudad. Hoy por hoy, la ciudad de Lima es nuestra, una ciudad construida a partir de la inmigración indígena, con los problemas propios del proceso del asentamiento de nuestras familias. En el futuro, ¿podrán decir lo mismo los individuos de cultura caribeña que hoy llegan por millares a nuestra metrópoli?

Lima, 26 de agosto de 2018.
(Publicado originalmente en: facebook.com/161862844712065)
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(1) "Xenofobia" es un término que etimológicamente significa "temor al extraño", pero que en su uso se restringe específicamente a los inmigrantes extranjeros. Con fines de ampliación semántica, tal vez sea mejor castellanizar y usar el término italiano "esterofobia", que literalmente significa "temor al que viene del exterior", que si bien significa estrictamente lo mismo, podría usarse para incluir en las referencias a los inmigrantes de las provincias de un país, personas contra las que también se ejercen las actitudes enumeradas en este texto.

14 julio 2018

Sobre la falsa indignación

Indignarse es airarse de algo que nos sorprende y enoja a la vez. De una maldad que desconocíamos y cuyo efecto es tan pero tan grave que consideramos que la única reacción posible es la protesta. Bien canalizada, la indignación lleva a acciones prácticas para la resolución de conflictos. Encarar valientemente a quien ha generado un perjuicio real, lleva a este a tomar una posición, entre el error cometido o la rectificación del mismo, entre la terquedad o la vuelta a la paz. Cuando se supera la irregularidad, el indignado puede encontrar una tranquilidad que solo da la justicia.

Sin embargo, también existe la falsa indignación, que es fabricada por gente inescrupulosa para manipular los sentimientos de la población. La que organiza escándalos teledirigidos y fomenta miedos irracionales. Aquella que permite tener algo en lo que distraerse mientras los problemas estructurales del sistema de cosas siguen en pie, sin crítica alguna que les haga mella. En ese sentido, el falso indignado proclama que su protesta es por una causa justa, cuando en realidad solo está en pie de lucha por sus intereses particulares.

Por estos días el Perú se debate entre dos falsas indignaciones: la de los conservadores y la de los liberales. Las de siempre, las que se han manifestado en toda nuestra historia republicana, pero en versiones sucesivamente renovadas, para arrastrar a las nuevas generaciones en la ola manipulatoria:

1) La falsa indignación de los conservadores, totalmente fingida, que dice concentrarse en la defensa de la familia, pero termina esclavizándola a los poderes establecidos. Una pretensión nauseabunda que confunde lo más sagrado con lo meramente mundano. Donde lo espiritual se subordina a lo temporal, y donde la fe verdadera se instrumentaliza y distorsiona en favor de un orden de cosas injusto. Enarbolando sus consignas moralistas, los conservadores solo buscan asegurar sus posesiones, obtenidas históricamente a partir del saqueo y el robo.

2) La falsa indignación de los liberales, de apariencia radical, la que promueve la libertad absoluta como pantalla para imponer la tiranía de los instintos. La que enarbola como principal valor de su "humanismo" el derecho a repudiar la vida espiritual, y entroniza al hedonismo como modelo de conducta. La que considera que lo bueno es lo mismo que lo agradable, pero no le parece malo legalizar asesinatos y otras degeneraciones, mientras esto sirva al propósito de satisfacer sus caprichos. Cuya hipocresía es tal que afirman estar en rebeldía contra los conservadores, pero en realidad buscan ocupar el lugar que estos detentan en el Estado.

Cada vez que los falsos indignados convocan a la ciudadanía a protestar y manifestarse, no hacen más que usar a la población en el cumplimiento de su agenda política. De esa manera, se convierten en fabricantes de motivos para perder el tiempo. Instauran modas de odio y organizan de tiempo en tiempo linchamientos públicos contra individuos corrompidos, pero en los que de ninguna manera reside la causa de la inmoralidad y la pobreza que campea en nuestro país.

Por ende, el circo mediático que levanta la falsa indignación solo puede servir para disimular reacomodos y reparticiones de privilegios entre los miembros de dichos grupos. Detrás del llamamiento a indignarse se esconde la pugna por embolsicarse el dinero de la ciudadanía. Una reflexión mínimamente inteligente debe conducir a una actitud de repudio frente a dicho proceder. Porque solo el rechazo radical de la mentira lleva a la verdadera independencia. Y la verdadera independencia lleva a evitar levantar banderas ensuciadas por la ambición.

Lima, 14 de julio de 2018.
(Publicado originalmente en: facebook.com/140958073469209)

26 septiembre 2015

Despiden a profesores de Aduni por formar sindicato

Una terrible injusticia ha sido cometida en las academias Aduni y César Vallejo. El pasado 11 de setiembre (fecha bastante simbólica en diversos sentidos) han echado a profesores de esa institución, sólo por el hecho de querer establecer un sindicato, algo que es una necesidad porque los profesores no son bien pagados y eso afecta enormemente la calidad de la enseñanza. Los profesores buscaban establecer la igualdad de los trabajadores frente a los altos directivos, que se han instaurado como patrones en una institución creada para servir al pueblo. Y como reacción les han aplicado el despido arbitrario

Mi más plena solidaridad con los profesores defenestrados, que adicionalmente a esa injusticia, han sufrido diversas calumnias, una práctica que se está haciendo cada vez más común contra aquellos que alguna vez se han atrevido, de diversas formas, a hacer reclamos salariales. El camino por el que han pretendido embarrar su reputación ha sido el típico de la ultraderecha: los han acusado de senderistas del MOVADEF. 

Si bien yo renuncié en mayo del año pasado, fui testigo y también protagonista de las penas de ser profesor en esa academia. En su gran mayoría llegamos atraídos por las promesas de pleno empleo, y de una posibilidad de desarrollo laboral aportando a la transformación de la sociedad. Pero una vez conocido que el salario es bajísimo, muchos nos consolábamos con que al menos teníamos una tribuna para exhortar a los estudiantes a ser profesionales humanistas. Finalmente, algunos de los que teníamos familia (y que ya no podíamos tolerar el maltrato) renunciábamos, mientras otros profesores de más experiencia cocinaban con todas las precauciones del caso el proyecto del sindicato.

Hoy por hoy ha explotado esta situación y el llamado Instituto de Ciencias y Humanidades está en una emergencia laboral. Ojalá esto se pueda contrarrestar, triunfe la lucha de los trabajadores en las academias Aduni y César Vallejo y, en poco tiempo, la sociedad pueda contar con una Institución renovada, donde realmente se cumpla el objetivo para el que fue fundada: servir al pueblo de todo corazón.


07 enero 2015

Sobre la disciplina en las aulas.

Los estudiantes ven en la figura del profesor
un manipulador ansioso por quitarles la libertad
El término disciplina suele asociarse con castigo, rigor, cosa obligatoria. En una sociedad como la nuestra, donde los grupos de poder han instaurado una cultura represiva, ser disciplinado significa ser obediente a las órdenes de un superior, con acatamiento inmediato y sin objeciones de conciencia.

El aspecto represivo del término se refuerza con la forma tradicional de la ideología cristiana, que con su praxis inquisitorial propone que el remordimiento y el sentimiento de culpa acompañen todo posible desacato a la figura de autoridad. El objetivo es eliminar todo posible acto de subversión contra el orden establecido. Estamos pues, en una sociedad donde la disciplina es entendida en un sentido negativo.

Es comprensible que, aplicada en el ámbito educativo, se entienda que ser disciplinado significa ser sumiso y complaciente ante cualquier orden, bajo el supuesto de que ello es lo correcto y el pensamiento autónomo es algo a destruir. Por obra de la educación formal, los estudiantes ven en la figura del profesor un manipulador ansioso por quitarles la libertad y en la de los estudiantes aplicados a un chupamedias.

Sin embargo, existe un significado más moderno de disciplina. Aquella que involucra un compromiso fuerte y personal con principios asumidos criticamente. Es el que considero el más adecuado e importante de difundir en las aulas de clase. Los seres humanos debemos asumirnos como radicalmente iguales en dignidad, merecedores del mismo respeto, el cual debemos de exigir, so pena de perder lo más fundamental de nuestra esencia. Las sugerencias de cambio son atendibles, pero sólo la posición personal (o asumida libremente en algún colectivo) determina a qué principios nos aunamos.

La disciplina en ese sentido es la autoexigencia de cumplir con dichos principios. Algo que se desarrolla en el proceso de toda la vida, de cuyos logros se considera que depende el éxito personal e incluso nuestro valor como seres sociales. En el proceso educativo, es importante inculcar la comprensión de la importancia para la propia vida de la puntualidad, organización, planificación, etc., independientemente de metas ajenas a los intereses objetivos de cada persona.

En conclusión, si la sociedad debe apuntar a estadios más justos en la historia, entonces es fundamental fomentar en la educación una disciplina consciente, que permita construir personas libres y con respeto por los demás.

18 noviembre 2014

El sentido de la vida

Escribir sobre este tema es particularmente complicado. Desde perspectivas existencialistas, cristianas, ilustradas o simplemente pragmáticas, muchos pensadores han escrito sobre el tema, a un nivel abrumador. Sin embargo, daré mi perspectiva.

La vida trasciende al hombre. Eso que nosotros poseemos no es más que un modo de vivir, que a su vez es sólo un modo de la existencia. Si a eso añadimos que las vidas humanas responden a un contexto histórico social, tenemos entonces que la vida tiene muchos sentidos. Es decir, muchos caminos hay en la vida, la idea es animarse a recorrer alguno.

¿Qué camino ha seguido la humanidad en general? Pues un camino de destrucción, conflictividad mediocremente tratada y de mucha indiferencia por el destino de los demás. El egoísmo y el "amor propio" (mal entendido y peor aplicado) nos tiene a los seres humanos de las diversas culturas en jaque, sin demasiadas opciones de enmendar el rumbo.

Otro elemento a considerar es el estado de las tradiciones que seguimos. En nuestro contexto, afectados por el espiritualismo absoluto y el materialismo vulgar, nos posicionamos en extremos peligrosos. Es necesario disuadir a las personas del alejamiento de la vida de la carne, y del apego morboso por lo material. Ni el ascetismo ni la posesividad le están haciendo bien al conjunto de la humanidad. El desprecio por los instintos y por las personas son nidos desde los que se incuban los más grandes delitos de lesa humanidad.

En suma, si queremos definir un sentido universal de la vida (a pesar de las diferencias y los contextos alternos), esto pasa por la coordinación de esfuerzos entre los seres humanos, pasa por hacer de este mundo uno donde prime el amor a la propia naturaleza y el respeto a las personas de manera radical. Sin ello, no hay sociedad moderna, y sin sociedad moderna, no hay futuro para el hombre. Y la vida, mientras tanto, será absurda.

22 octubre 2013

Autobiografía intelectual: ¿qué necesidad hay de retomar el género autorreferencial?


Retomo esta biografía intelectual, despejados los fantasmas de una censura que en estos tiempos (de supuesta apertura) no tiene sentido.

Y es que considero que toda época necesita émulos de Agustín de Hipona. No por la ideología (el cristianismo es un asco), sino por la actitud de defender apasionadamente la nueva posición que uno abraza, cual Mariátegui, de modo convicto y confeso. Ayer fue el catolicismo, hoy es el socialismo.

Agustín de Hipona dejó el maniqueísmo para abrazar el catolicismo, y lo hizo con la intención de servir a la Iglesia de todo corazón. Y lo hizo arrepintíendose de sus elecciones pasadas, afianzándose en la elección del presente. Asumió que sin establecer una contradicción tajante, no se puede avanzar.

Yo no soy Agustín, no soy ningún arrepentido, ni tampoco me golpearé el pecho. Mi pasado es católico, y lo disfruté. Sin embargo, las nuevas circunstancias me obligan, por cuestión de principios, a liquidar teóricamente ese pasado. Hoy soy socialista, quiero servir al pueblo de todo corazón, sin mediaciones sobrenaturales, y percibo los errores del ser católico. Percibo sus hipocresías y desencaminamientos. Sus falsas esperanzas y el hecho de que ayudé a difundirlas y a promover la alienación de las gentes.

En aquel contexto, mi objetivo era bienintencionado (de la misma materia de la que, como dice el viejo dicho, está empedrado el infierno). Incluso en algunos momentos me aproximé al liberacionismo, amor compasivo y evangélico por los pobres. Pero ya sabemos lo que dicen Marx y Nietzsche sobre la perspectiva misericordiosa...

Me quedé en mi etapa escolar, de la primaria y secundaria. Es necesario reflexionar sobre mis reflexiones de la adolescencia post-escolar, es decir, mi nivel preuniversitario. Eso haré en el próximo post.

14 enero 2013

La actitud del cínico y la actitud del pendejo

Se suele calificar de "cínico" a quien no admite una falta cometida, a pesar de lo obvio de su autoría. Por ejemplo, cuando ciertos políticos no admiten que han cometido una traición al pueblo, al tomar decisiones en contra de lo que ofrecieron para ser elegidos. O como la persona que, habiendo prometido exclusividad amorosa a su pareja, luego de ser descubierto recibiendo el cariño de una tercera persona, rechaza la acusación y asegura: "no lo hice voluntariamente". Y también como el machista, homófobo o racista que, al reclamársele haber herido con frases insultantes la susceptibilidad de los grupos a los que desprecia, dice: "he sido malinterpretado".

El cinismo sería pues una forma de autismo emocional, en el cual el culpable dice no ser culpable (y hasta puede convencerse de ello). Una forma de autoengaño, en la que, más que mostrar rechazo a la moral establecida y sus normas antinaturales, se las suele legitimar, al no admitir haberlas quebrantado.

Pero justamente eso no es el cinismo. El cinismo corresponde a una actitud libertaria, surgida desde muy antiguo. Es muy famosa la figura de Diógenes de Sinope, quien para justificar su rechazo de las normas, renunció a todo reconocimiento social y, es más, vivía en la calle y a expensas de los demás. Su apelativo, “el Perro”, se lo pusieron con intenciones despectivas, pero él se lo apropió y lo asumía orgulloso. Es como si hubiese querido decir a los demás: "yo seré un perro, pero aún así soy mucho mejor que ustedes".

Ser un perro. Eso es, literalmente, ser un cínico. La palabra cínico proviene del griego kinikós, que significa canino. ¿Por qué enorgullecerse de ser tal? Teniendo en cuenta que los rivales de Diógenes pensaban en un perro callejero (de esos sucios, hambrientos, parasitados, expuestos al frío y hurgadores de basureros), hay algo fundamental: esos perros no tienen amo. Son, por decirlo así, libres. No tienen que responder a nadie por su comportamiento. No tienen que aprender trucos para agradar. Y lo fundamental: no tienen que enterrar el rabo para disimular una falta cometida.

El verdadero cínico, pues, no le debe nada a la sociedad. No tiene poder, no tiene oficio estable y no quiere engendrar nuevos esclavos de las normas. No tiene nada que perder. No aspira a sacarle nada al orden establecido. Aspira a que algún día todos vivan así, al natural y cuidando de lo necesario, pero mientras llega ese momento, ¿por qué no darse el permiso de realizar en carne propia ese ideal?

Es necesario distinguir la actitud del cínico con las sinvergüencerías del incoherente que exige, pero no quiere ser exigido (que exige poder, pero no quiere ser exigido a defender al pueblo que lo eligió; que exige compromiso amoroso, pero no quiere ser exigido a ser leal; que exige respeto y reconocimiento, pero no quiere ser exigido a abandonar la discriminación). A esos los llamaremos simplemente pendejos.

15 octubre 2010

El positivismo tecnocrático y su propuesta reformista: el caso de Vicente Villarán

Esta ponencia fue presentada originalmente en el IX Fórum de Interpretación Filosófica de la Realidad Peruana, realizada en la Universidad Nacional Federico Villarreal, el 15 de octubre de 2010.

Los tecnócratas, adjetivo que se adjudica a los técnicos y asesores “no políticos” de los funcionarios públicos, se jactan de su influencia solapada en las decisiones de los gobiernos. Asimismo, declaran ser los garantes de la “estabilidad” de un Estado, y consideran que, mientras los políticos profesionales se dedican a dar la cara y hacer labores meramente representativas, son ellos los que posibilitan, con sus opiniones “técnicas”, los verdaderos procesos de reforma de la sociedad y su camino al desarrollo. En el Perú, pensadores como el positivista Manuel Vicente Villarán Godoy defendieron la idea de que los profesionales se desarrollen más en sectores productivos que en oficinas burocráticas. La presente ponencia trata de establecer una relación entre el pensamiento de Villarán y las ideas y mitos de los tecnócratas contemporáneos. Leer más>>>

09 abril 2010

Ateísmo y escepticismo

¿Un ateo puede ser escéptico? Ese es un tema problemático.

No dudo de la astucia de quienes asumen el escepticismo. Etimológicamente, escepticismo viene de "skepsis" que significa estado de duda o investigación permanente. Es una manera histórica y elegante de no tomar posición sobre una diversidad de temas. Con ella, los escépticos ello han tenido una influencia social considerable, sobre todo en los círculos intelectuales que identifican objetividad con neutralidad.

Mi crítica al escepticismo es la siguiente: cuando dividimos la humanidad en dos, uno de los escépticos y otro de los dogmáticos (o lo que es lo mismo, uno de los lúcidos y otro de los ignaros), no estamos sino recayendo en los viejos dualismos metafísicos que son reflejo de la división social de clases. Ello no pasaría de ser una opción personal si es que no se insertase en las luchas políticas de nuestro tiempo.

No considero que el escepticismo sea parte de una postura progresista. Tampoco estoy de acuerdo con quienes afirman que el ateísmo pueda tener bases escépticas, o que explícitamente defienda alguna filosofía. Ya he escrito en otro lado acerca de eso.

Sobre quienes consideran que el ateísmo consiste en una posición filosófica, habría que acotar que la condición atea es una forma de vida, no un sistema jerarquizado de ideas. El ateísmo es una actitud vinculada intrínsecamente al materialismo. En todo caso, si la intención es establecer justificaciones racionales para decisiones prácticas, estas deberían situarse a un cuestionamiento y problematización de la postura materialista.

Considero importante establecer una discusión filosófica entre quienes estén interesados en desarrollar estos temas. Existe una especie de "competencia de dobles" entre la pareja escepticismo-agnosticismo y la pareja materialismo-ateísmo. Si nos animamos, podríamos plantear opiniones al respecto.

24 marzo 2010

Las coordenadas para la interpretación de todo pensamiento

¿Cómo entender a un pensador? Para responder dicha pregunta, nos basamos en la metodología clásica (no por ello tradicional) que ha sido desarrollada en el horizonte teórico-práctico del materialismo dialéctico. En ese sentido, es importante tener en cuenta el entramado de relaciones sociales y factores materiales en el cual se desenvuelve el pensamiento de un autor, es decir, la práctica social. Hay que tener en cuenta que, a lo largo de la historia de la filosofía y del pensamiento, este proceso se desenvuelve en el contexto de la lucha de clases.

En ese sentido, consideramos que muchos de los defectos del pensamiento (sobre todo en los países semifeudales y semicoloniales como el Perú) están vinculados a la estructura clasista de la sociedad, y que para superarlos hay que cambiar dichas estructuras y, desmontar todas sus justificaciones en el plano ideológico y metodológico.

Consideramos, pues, que

1) si bien el origen socio-económico y diversos factores actitudinales son importantes para entender la obra intelectual de un individuo, estos no son determinantes al cien por ciento, ya que el proceso histórico-social en el que se encuentra involucrado dicho individuo lo va empujando a asumir una posición de clase, que no necesariamente está vinculado a los intereses del grupo social en el que se surge.

Tenemos así, por ejemplo, a trabajadores humildes que aspiran a convertirse en grandes empresarios, o en autodenominados “dirigentes populares” que no se preocupan por conocer los intereses de las masas. Pero también existen individuos que, a pesar de su extracción clasemediera o pequeño burguesa, o de sus tradiciones religiosas y/o liberales, comprenden que el desarrollo social va de la mano con una mayor organización del desarrollo del proletariado, y toman posición a favor de su concepción y de sus intereses, con los cuales se compenetran cada vez con mayor profundidad. Por lo tanto, no existe un determinismo del origen de clase (el caso paradigmático de esta afirmación es la vida de Engels).

2) otro aspecto a considerar previamente es la línea teórico-ideológica que asume un pensador, una vez supuesta su posición de clase. Esto ha sido ampliamente desarrollado. Las opciones e intereses de un individuo lo empujan a asumir una concepción del mundo y, por ende, a una ideología.

Por ejemplo, un individuo que, en su ruta de vida, orienta su praxis hacia objetivos individualistas, puede adoptar conscientemente una ideología liberal, y actuará (como decía Lenin) mediado por sus intereses inmediatos, enmarcado en una concepción metafísica de la realidad, considerando aisladamente que su yo es lo más importante. O camuflará su pensamiento, tal vez llenará su boca con los términos más progresistas y "radicales" pero su misma praxis mostrará que sus fines son puramente arribistas y pragmáticos. Por el contrario, un individuo que toma posición a favor de las clases oprimidas, está en capacidad de asumir una ideología vinculada al desarrollo de un pensamiento crítico y dialéctico, y mostrar conscientemente una filiación con lo que Lenin llamó los intereses objetivos de las clases populares.

3) finalmente, la ideología adoptada por un individuo, asumida "orgánicamente" (si nos expresamos con un término caro a Gramsci), lleva a la necesidad de elaborar estrategias y tácticas de acción práctica. Y esto implica la asunción de un método de análisis de la realidad, que lleva al individuo que ha abrazado los intereses de una clase, a asumir una moral y un proyecto político vinculado a defender conscientemente dichos intereses.

Es este aspecto mediante el cual, por ejemplo, observamos a individuos que, tomando posición por los grupos de poder en la actual sociedad y adoptando una ideología liberal, asumen una moral individualista, con un método orientado a defender las estructuras tradicionales de defensa de la propiedad privada sobre los medios de producción. Esto es, métodos tendientes a controlar el avance del proletariado, o a desarticularlo. En esta línea, encontramos a individuos que, movidos por razones emocionales o de resentimiento (por una moral de esclavos –y no de productores), desarrollan un método anarcoide y panfletario, analizando la realidad en función de un papel "dirigente" que el pueblo organizado no le ha dado.

Sin embargo, en el polo opuesto, encontramos a individuos que tomando posición a favor de las clases populares y asumiendo una ideología crítica, desarrollan un método vinculado al análisis de las relaciones sociales en un determinado momento histórico señalando sus contradicciones, con miras a la transformación de las condiciones objetivas y subjetivas que posibilitan el actual sistema, construyendo así el hombre nuevo. Este es el método iniciado por Marx y Engels.

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En resumen, es necesario estudiar, en un pensador, su origen socioeconómico y hasta su biografía personal, sí, pero es mucho más importante analizar cómo, en su proceso de desarrollo, va tomando posición a favor de una ciase social, que lo lleva en ciertos casos a asumir un sistema de conceptos con los que concibe la realidad en general, y una serie de procedimientos que lo llevan a analizar la realidad en concreto.

Es por ello que, para entender a un pensador, es importante conocer su posición de clase, su ideología y su método. Sin embargo, una actitud no dogmática frente a esta necesidad nos llama a subrayar que no se puede dejar de considerar el proceso de desarrollo de cada individuo, estudiando sus influencias y determinaciones derivadas de su vida en sociedad, en el cual justamente se desencadena todo ese conjunto de aspectos mencionados más arriba. Dichos estudios requieren de mucha vinculación con la realidad concreta, y un tratamiento correcto de las contradicciones que en ella se originan. Esto implica dejar de lado el culto a los libros, y hacer de nuestras ideas una guía para la acción. En este proceso, "quien no ha investigado, no tiene derecho a opinar".

22 noviembre 2009

Las paradojas de la tolerancia: un ejemplo práctico

Se equivocan los que consideran que ser tolerante tiene, necesariamente, un "efecto dignificante" para el ser humano. Yo lo vincularía más a una actitud de indiferencia frente a una problemática concreta, actitud que ciertamente puede llegar a ser inmoral. Por ejemplo, ser tolerante frente a la injusticia social no me dignificaría, sino que me degradaría.

No tiene sentido, pues, volverse un predicador de la tolerancia por la tolerancia misma. La tolerancia es siempre relativa, nunca absoluta ni valiosa por sí misma. La práctica de la tolerancia no debe hacer perder los principios de acción para transformar la sociedad.

Las fotos que incluyo al final de este post, sirven como ejemplo práctico de lo escrito líneas arriba. Fueron tomadas hoy (gracias al teléfono celular de mi hermano, David Ramos) en el barrio en el que vivo, Salamanca de Monterrico, que pertenece al distrito limeño de Ate. Desde hace cuatro meses han ido proliferando pintas neonazis en sus principales calles. Y nadie ha hecho nada por denunciarlas. Lo grave es que las propias autoridades locales tampoco han hecho nada para borrarlas o investigar quiénes son sus autores.

No importa que los que hayan hecho esas pintas sean delincuentes comunes (algunos indicios apuntan a esa conclusión). Lo que preocupa es que los vecinos de Salamanca, desde hace varias semanas, parecen coexistir "pacíficamente" con estos símbolos fascistas. La tolerancia, entendida como valor absoluto, se abraza aquí con la indiferencia, y refleja una fuerte anomia en este sector de la sociedad limeña, como muestra estadística de lo que ocurre en el resto de la ciudad.

Recuerdo que, cuando me enteré de la existencia de estas pintas, expresé mi indignación en una entrada de mi cuenta de twitter. Lamentablemente, poco pude hacer aparte de esto. Pero, definitivamente, no puedo seguir siendo "tolerante" frente a esta situación. Creo que, ahora que estoy a punto de mudarme al populoso distrito de San Juan de Lurigancho (donde iniciaré mi vida matrimonial), lo menos que podía hacer era publicar este post. Aquí las fotos:


Pinta en la Av. Terpsícore 140, a cuatro lotes de mi casa


Pinta en el cruce de la Av. Separadora Industrial con la calle Plutón

Pinta en la calle Hefesto 570, junto a un mercadillo de la zona

Pinta en el cruce de la cda. 9 de la Av. Los Quechuas con la Av. Terpsícore, cerca del
templo católico "Nuestra Señora de la Esperanza" (que, en la imagen, está al fondo)
Pinta en el cruce de la Av. Euterpe y la calle Atenea, a poca distancia
del "Mariscal Toribio de Luzuriaga", colegio público donde estudié


Pinta en el cruce de la Av. Terpsícore con la calle Amotape. Nótese
como el carro de vigilancia pasa sin darle mayor importancia a esos símbolos

Pinta en la Av. Los Quechuas 1401, cerca del cruce con la
Vía de Evitamiento, una de las autopistas centrales de Lima


Pinta en el cruce de la Av. Los Quechuas con la Vía de Evitamiento,
en una caseta del servicio de vigilancia del distrito de Ate


22 octubre 2009

La condición del ateo

¿Qué es ser ateo? ¿Puede alcanzar un sentido positivo la condición de ser ateo?

Ateo es el que niega la existencia de dios, afirma la RAE (http://bit.ly/4qsikr). Pero esta definición abre más dudas que certezas. Cosa esperable para una definición negativa: cuando yo afirmo que soy ateo, digo lo que no soy (no soy creyente), pero no explicito lo que soy. Es por eso que ser ateo puede implicar numerosas formas de ser. Parafraseando a Aristóteles: ser ateo se dice de muchas maneras.

Es por eso que no podemos quedarnos como meros negadores escépticos de la existencia de dios. Pero eso no significa que debemos contentarnos con formar parte de una pluralidad lineal de matices ateístas. De manera análoga a lo que hacía el Estagirita con respecto al "ser en tanto que ser" (investigando sobre cuál es la principal manera de predicar sobre éste), podríamos determinar el aspecto principal de "ser ateos en tanto que ateos", más allá de etiquetas secundarias que querramos ponernos.

Eso significa que hay que evaluar la práctica de quien dice ser ateo y que, a la vez, desea ser un integrante de avanzada en esta sociedad. Para ello no bastan discursos formalmente intachables, replicando argumentos religiosos. O textos incendiarios escritos por individuos que, a pesar de deslindar verbalmente con la religión organizada, en la realidad concreta concilian con los intereses de la misma, al no denunciar el transfondo económico y político del sistema que le da vida.

Consideremos que el ateo no forma parte de una clase social aparte entre los seres humanos, sino que también está sujeto a situaciones concretas y a ideologías concretas. Estas últimas pueden ser reaccionarias, conservadoras, reformistas o revolucionarias. A partir de ellas, el no-creyente interpreta el mundo y propone actuar sobre él.

Teniendo en cuenta lo expresado líneas arriba, ¿cuál es el aspecto principal de la condición atea, la que lleva en sí el futuro del ser-ateo? Por un lado, el nihilismo es simplista y jamás ha apuntado a desarrollos. De otro lado, los críticos de las instituciones eclesiásticas han dado su mayor aporte en la época de la Ilustración, pero su activismo es limitado en la actualidad en una sociedad en franco proceso de secularización. Es por ello que habría que postular un ateísmo radical, que contribuya a la socialización de un pensamiento liberador, que cumpla con el programa heroico de gestar valores nuevos dentro de una posible sociedad nueva.

Pero, ¿cómo sería ese ateísmo radical? Esa es ya otra pregunta. Aún mi reflexión es algo inmadura para responder esta pregunta, sin caer en subjetivismo. Sólo podría deslizar una idea inspirada en un pensamiento de Mariátegui: no seremos forjadores de un mundo mejor por ser meramente ateos, sino que somos ateos porque queremos ser forjadores de un mundo mejor.

10 octubre 2009

Sobre el aborto y la eutanasia

El objetivo de este texto es desarrollar una posición no-teísta sobre el aborto y la eutanasia, a propósito de los proyectos de ley de despenalización parcial de estas prácticas en el Perú. Quisiera reflexionar, independientemente de falacias eclesiásticas, sobre el tema.

1. Considero que la piedra angular de la problemática sobre el aborto y la eutanasia es la concepción filosófica que tengamos sobre la vida, en especial la vida humana. Obviamente, no podemos partir de fundamentos sobrenaturales, sino de la ciencia y filosofía materialistas. La vida es fruto de un largo proceso de evolución desde seres inferiores o, en todo caso, desde seres tan materiales como nosotros.

Así, proceder por dar un valor a priori a todas las formas de vida (sacralizarla, a la manera cristiana, e incluso hasta nietzscheana) me parece apresurado y errado. Hay que tener en cuenta que nuestra vida se forja en el marco de relaciones sociales complejas, en la práctica social, y que en ese sentido no hay innatismos que defender. Es necia la manera en que hacen ello los altos representantes de la jerarquía católica.

La realización (o degradación) humana se da en un proceso de desarrollo dialéctico, de carácter natural y social, principalmente social. Es por eso que cualquier proyecto de elevación de la espiritualidad humana está directamente vinculado con proyectos de transformación del mundo concreto de los seres humanos, de su estructura económica y de su superestructura ideo-política.

En ese sentido, la vida de la persona que vive de su trabajo, de la persona que produce los medios materiales y espirituales de existencia social, vale más que la de una persona que vive del producto del trabajo ajeno. Sin embargo, y paradójicamente, nos encontramos con que, en la práctica, los creadores de la riqueza social se ven humillados por la explotación y la alienación. Por lo tanto, la explotación y la alienación del ser humano productor en la sociedad actual es la contradicción principal, en la que, considero, hay que enfatizar al momento de considerar un pronunciamiento que despliegue la posición sobre el aborto y la eutanasia.

2. Opino que, ya de manera más específica, hay la necesidad de desarrollar una concepción de las relaciones entre géneros. La dupla varón-mujer es, a todas vistas, generadora de toda una serie de contradicciones, secundarias pero importantes, en la sociedad. La Iglesia Católica (y los grupos de poder a los que sirve) enfatiza en el aspecto masculino de la contradicción de géneros, en el interés de producir descendencia dentro de una sociedad infestada de machismo, donde la mujer debe asumir roles solamente domésticos, y no puede decidir sobre su propia vida. Es por eso que se realza la fecundidad como fuente de justificación y endiosamiento del estado actual de cosas, y no como promotora de una sociedad libre y auténtica, formadora de mejores seres humanos.

En consecuencia: mediante la cosificación de la mujer, el varón, afectado psiquiátricamente por la opresión del trabajo alienante, trata infructuosamente de superar su existencia degradada y/o lumpenizada. Pero, con ésto, sólo consigue aliviar temporalmente sus angustias... en el ámbito de la imaginación, con el agravante de que, en dichos actos de sometimiento inter-genérico, transmite la huella de su miseria espiritual a otro ser humano. En ese sentido, las mujeres son "domesticadas", a la manera en que se domestica a un animal, y estan deben asumir la "alta misión" de engendrar hijos cuya educación, en última instancia, no le competerá a ella, ni siquiera al padre, sino a los mecanismos de reproducción del sistema (léase medios de comunicación y propaganda capitalistas). Es ello lo que se denomina la doble alienación de la mujer: oprimida en la casa (donde no sólo recibe el abuso del marido, sino hasta de los propios hijos) y también en el trabajo (donde a la presión de producir sin descanso se auna el posible acoso sexual del patrón).

3. ¿Qué significa entonces, dentro de la lógica del asunto que estamos tratando, el afán por prohibir la eutanasia? Pienso que, en el hecho de impedir el derecho a decidir sobre la muerte individual, existe una estrategia de las jerarquías religiosas, vinculadas como están a los grupos de poder, para poder sellar el círculo de sostenimiento del sistema. Según éstas, pues, la vida sólo se entrega si es un hecho deseado por "los dioses" (de ahí la exaltación del martirologio cristiano, empezando por el mismo supuesto fundador de esa religión), pero, si corresponde a un deseo individual, es algo condenable. Y ¿qué decir si la vida se entrega en pro de un ideal colectivo o revolucionario? Esto sería, para los promotores del teísmo, una peligrosa invitación al "desorden" y "caos" social. Por eso algunos todavía se atreven a sostener la doctrina de Tomás de Aquino, según la cual, en algunos casos es legítimo cometer asesinatos selectivos, "en bien de la sociedad". No es necesario ser muy perspicaz para vislumbrar en qué casos y a quiénes la Iglesia pediría eliminar de facto.

Tengamos en cuenta, además, que en una sociedad donde se permite a las personas darse muerte a sí mismas (por razones individuales o colectivas), ¿por qué no avanzar en la legalización de la práctica del aborto, si tiene el mismo carácter de decisión personal? Para las sectas religiosas, la permisividad hacia la eu-tanasia (que para ellos sería dis-tanasia, por la valoración negativa que le atribuyen), abriría una caja de Pandora, o sea (para ellos), un abanico de males para su propia subsistencia como institución, y de su misión encubridora de las contradicciones principales dentro de la sociedad. Su "culto a la vida" está vinculada a la subsistencia del sistema actual, por ello toda propuesta de autonomización de los individuos, en el marco de una sociedad semifeudal, crearía elementos necesarios para el cuestionamiento de la importancia de la religión dentro de la sociedad, y el reconocimiento de su función social de "opio del pueblo", o sea, encubridora de las causas de la violencia estructural y de la escandalosa brecha entre pobres y ricos.

4. Entonces tenemos una razón para comprender por qué, según algunos representantes de la Iglesia, "la defensa de la vida no es sólo cuestión de religión, sino de ética, de dignidad, de derechos humanos y de civilización". Hay una falacia de énfasis en esta tesis: bajo el justiciero manto de la defensa de seres por nacer, no se critica cómo es que muchísimas personas nacen condenadas a la miseria, y bajo la filantrópica propuesta de defender la vida de los enfermos graves (incluso en contra de su propia voluntad), se oculta cómo muchos individuos no esperarían una grave enfermedad para acabar con sus vidas, si es que se borrase toda posibilidad de construir con esfuerzo una sociedad mejor. Aparentemente, ir contra la posición eclesiástica en torno al aborto y la eutanasia es "defender la muerte". Tal vez sea así, si se trata de apostar por la muerte de la injusticia social.

En conclusión, el aborto y la eutanasia, si bien son temas que hacen alusión a contradicciones secundarias en la sociedad (que no deben hacer olvidar los problemas prioritarios de la humanidad, vinculados a la lucha contra la explotación del hombre contra el hombre), constituyen valiosas banderas de lucha contra el oscurantismo ideológico.

Me allano completamente a las críticas constructivas sobre estas reflexiones.

13 septiembre 2009

Resumen del "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels (1848)

Este es un resumen de una de las obras capitales de Karl Marx y Friedrich Engels, el Manifiesto Comunista de 1848. La lectura del Manifiesto es imprescindible para quienes deseen desarrollar la concepción dialéctica y aportar a la transformación del mundo.

Realicé este resumen con motivo del curso Seminario de Filosofía del Siglo XIX-II, dirigido por el profesor José Carlos Ballón, quien realiza una interpretación liberal de la obra de Marx. A pesar de ello, abstraída esa desviación hermenéutica, la lectura del Manifiesto siempre es un placer para quienes tenemos ideales socialistas.

A propósito: quisiera manifestar mi admiración por el interés que últimamente muestran algunos estudiantes de universidades privadas de Lima en hacer lecturas en torno al marxismo y el comunismo. No vislumbro con claridad si el interés es meramente académico o aplicado (parece que es lo primero), sin embargo, considero que este fenómeno debe hacer tomar consciencia entre los colectivos políticos progresistas sobre la importancia de reforzar la reflexión teórico-práctica sobre los problemas de la sociedad.

Hoy más que nunca se necesita la construcción creativa de alternativas viables al capitalismo. El llamado a la unidad proletaria de Marx y Engels mantiene plena vigencia.

Francisco Ramos - Resumen del "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels (1848)

27 julio 2009

Resumen de "Por qué no soy cristiano" de Bertrand Russell

Este es un resumen del texto "Por qué no soy cristiano" de Bertrand Russell, extraído del compilatorio del mismo nombre, que contiene artículos del filósofo inglés sobre la religión (Barcelona, Edhasa, 1979).

La trayectoria de Bertrand Russell es admirable. A pesar de estar en la línea del pensamiento analítico, su activismo político y su coherencia moral lo hacen digno de figurar entre los más grandes exponentes de la filosofía del siglo XX.

Este resumen servirá de base para un próximo ensayo autobiográfico, que proyecto llamar "Por qué ya no soy cristiano", en homenaje al gran filósofo inglés.

Francisco Ramos - Resumen de "Por qué no soy cristiano" de Bertrand Russell

26 julio 2009

Centralizando las ideas, afinando la puntería

Anuncio que he cancelado mi blog "Reflexión o Barbarie", para subordinarlo al presente blog. Sin embargo, transcribo en este espacio la única entrada que tuvo esa bitácora (publicada el 11 de diciembre de 2008), que aún suscribo completamente:

Ya decía en una ocasión, que es importante tratar de pensar por sí mismo, aunque sea a partir de balbuceos. La aparente puerilidad del que acaba de descubrir las mieles del pensamiento crítico, y su entusiasmo inicialmente improductivo, se transformarán poco a poco en su opuesto: una reflexión poderosa, siempre y cuando se intente vincular nuestro pensamiento a la realidad, de la misma manera que esta realidad ha engendrado nuestro pensamiento.

Es una empresa que exige el mayor rigor posible. Obviamente, no pretendo ser "imparcial" (dicho estado es imposible de ser logrado por nuestra naturaleza social). Pretendo de darle una mayor fuerza a mis ideas, ligándolas a los intereses objetivos del pueblo y de las grandes mayorías. Deslindo de plano, por tanto, de toda corriente de relativismo falsamente posmoderno (bajo el que se escudan incluso los sectarismos más repugnantes) y me auno a los esfuerzos por comprender mejor la realidad desde una perspectiva materialista crítica y aplicada.

Mientras en otro de mis blogs planteo algunas apreciaciones subjetivas sobre ese proceso de desarrollo, aquí trataré de plasmar algunos pequeños e iniciales resultados. Espero poder conseguirlos (y someterlos a la crítica general) en el mediano plazo.
El 2 de febrero de 2009, David Ventura, un compañero y amigo, comentó a este texto:
De un tiempo a éste, he notado un cambio muy extraño en tu discurso, mi estimado Francisco. Cambio tan extraño que se me hace difícil entender cómo un estudiante de filosofía que pretende manejar un blog "serio" (pienso que es serio ¿no?) suelta frases tan oscuras y ambiguas libremente.

Si tu intento es "reflexionar rigurosamente" ¿Cómo es eso de que la realidad engendra al pensamiento? ¿De qué manera tus motivos personales de estudio se vinculan con los intereses del pueblo? y ¿cuales son los intereses del pueblo?. Tu argumentación es tan segura pero tan segura que terminas por caer en el mismo error que tu increpas en los demás, es decir, en una lectura y un discurso dogmáticos.

Hay un tufillo populista y panfletario en tu blog. Si ello fuera un blog terapeútico para aquellos que ven en el discurso politiquero un remedio a sus transtornos, ten por seguro que mi comentario estaría de más. Empero, como piensas estudiar a Marx y Mariategui, sería bueno que recuerdes que ellos no son más que parte de un proceso, que son más importantes e interesantes como herramientas para el pensar crítico que como doctrinas cuasi religiosas, solo así tal vez se logre algún tipo de cambio con respecto a la condición humana actual. Toma esto como un comentario Francisco, en aras de fomentar una polémica "sana". Cuidate.
Y yo respondí, al día siguiente:
David: muchas gracias por el comentario, pues considero que, viniendo de ti, son reflejo de una sincera preocupación.

Antes de responderte tengo que autocriticarme públicamente por no tener actualizado este blog, que era el ofrecimiento inicial (por lo menos una entrada cada quince días). Las labores cotidianas son absorbentes a veces. Y, a la vez, todavía tengo pendiente acabar con el diletantismo.

Algunos precisiones necesarias:

A propósito de mi interés por vincular mi pensamiento a la realidad, escribo que esto se dará "de la misma manera que esta realidad ha engendrado nuestro pensamiento". Con ello quiero decir que pienso que nuestra estructura mental es fruto del desarrollo de la evolución de la naturaleza material. Así de simple, pero no confundir con el simplismo.

También escribo que "pretendo darle una mayor fuerza a mis ideas, ligándolas a los intereses objetivos del pueblo y de las grandes mayorías". Con ello quiero decir que no concibo mi pensar como un ejercicio de libertad absoluta. Tampoco soy determinista; sin embargo, no puedo negar mis orígenes, y tampoco la clase en la que tú y yo hemos surgido. Por ello, no puedo sino establecer un vínculo de reciprocidad, y tomar posición a favor de los intereses de mi clase social, esforzándome por ligar mi pensamiento a sus objetivos estratégicos.

Ahora, me pides que aclare: ¿cuáles son los intereses del pueblo? Antes de responderte, quisiera explicar lo que entiendo por "pueblo": es el proletariado y el campesinado, y todos los que toman posición a favor de ellos. Como comprenderás, sus intereses inmediatos son instrumentales: conseguir el control de esta sociedad, venida abajo por la mediocridad dirigencial de las actuales clases dominantes. Pero sus intereses objetivos son más profundos: desarrollar nuevos paradigmas de organización estructural y superestructural (o sea, en el ámbito económico y en el cultural) que reemplacen los viejos y caducos modelos provenientes del pensamiento moderno, y su egotismo subjetivista (que, obviamente, tienen como transfondo los intereses de clase de la burguesía)...

Espero que estas afirmaciones (que "ojalá" hayan cumplido la función de aclaración) puedan hacerte comprender que no quiero tener nada que ver con los dogmas tradicionales. Por otro lado, el hecho de que intente "reflexionar rigurosamente" no implica que quiera dejar de tener convicciones fuertes. El asunto es, como tu insinúas, evitar el panfletarismo. Y en esa línea voy. Pero si hay que ponerlo en cuestionamiento todo, obviamente también harán cola, de manera obligatoria, dichas convicciones personales. Hace tiempo que mi mente necesita una buena depuración de ideas erróneas. Pero primero debo identificarlas.

Gracias nuevamente por comentar la entrada inicial de este blog.
Como insinúa el título de este post, el objetivo de la decisión ya señalada es centralizar mis ideas en un solo espacio, que facilite el acceso a las mismas a quienes quieran apoyarme con sus críticas.

28 junio 2009

La derecha dinosáurica contraataca desde Honduras

Lamentablemente, en Honduras, con un presidente (Manuel Zelaya) dispuesto a llevar adelante una consulta popular para desarrollar cambios democráticos en ese país, acaba de ocurrir un golpe de Estado. Las milicias, orientadas por intereses ultraconservadores, ha realizado un viraje al fascismo, y anulado el referéndum que se iba a realizar el día de hoy. Han secuestrado al presidente y lo han deportado.

En los medios alternativos, me entero con indignación que, además, están cortando la energía en ese país, para dejarlo incomunicado y que el pueblo no se entere de los sucesos que se viven en su territorio.

La derecha dinosáurica contraataca. Los labios de todos los individuos que conforman los grupos reaccionarios en Latinoamérica destilan saliva negra, saboreando cómo sus sueños de retroceder al pasado se realizan en esta nación. Como sabemos, los herederos de los Morales Bermúdez, de los Videla, de los Pinochet y de los Stroessner aspiran a retomar las dictaduras fascistas que sufrimos el siglo pasado.

Frente a ello, se hace necesario un frente común de todas las fuerzas democráticas de Latinoamérica, para condenar este hecho, y exigir que se retome el proceso de cambios en ese país. Los hondureños no pueden quedar desamparados. Esto puede suceder también en nuestros pueblos.

18 junio 2009

El "caso Bagua" y la fuerza actual de los movimientos sociales en el Perú

El 11 de junio, en el centro de Lima, sentí en carne propia el desprecio que el Estado tiene hacia toda forma de pensamiento y praxis divergente. Una agresiva represión policial atacó a la multitudinaria manifestación convocada en solidaridad con las luchas populares en la Amazonía. Pero esa sensación, estoy seguro, es incomparable a la de quienes son directamente perjudicados por las ambiciones de poder de las clases dominantes.

Esto me lleva a reconocer algo. Los que, formando parte de la pequeña burguesía, y que a pesar de ello tenemos una filiación proletaria, muchas veces, disvariamos. Nuestra conciencia se desdobla entre la necesidad de afiliarnos a toda causa popular y el deseo de, paralelamente, no perder nuestras actuales condiciones de vida. Por ello a veces no pasamos del discurso bienintencionado.

Algunos hemos completado el salto de una comprensión mítica del mundo a una comprensión racional. Pero el salto decisivo, el salto hacia la práctica, está en agenda pendiente. Nos refugiamos en la ortodoxia y no la transformamos en ortopraxis. Es el dilema de quienes no experimentamos el real estancamiento social de nuestro país, y buscamos mejores condiciones de vida bajo las premisas del sistema. Hay una fuerte ignorancia de la dialéctica social.

Por ello, mi profunda admiración frente a lo que ocurre en la coyuntura política actual. Los movimientos sociales de todo el Perú, con su amplia capacidad combativa, han hecho retroceder al Estado neoliberal, ese que no ha sabido incluirlos, porque su misma esencia repele la concretización de todo poder popular. Y que, sin escrúpulos, generó el genocidio del 5 de junio en Bagua, cuyas reales dimensiones aun están por conocerse. Con ese hecho, se ganó el repudio masivo del pueblo y de la comunidad internacional. Como era de esperarse, la lucha por preservar los recursos naturales y el medio ambiente no cesó por ello, ni se dejó amedrentar por el ataque irracional de los medios afines al sistema.

La derogación de las "leyes de la selva", finalmente, se ha dado. Se impuso lo moral sobre lo legal: el Congreso ha reconocido (por lo menos temporalmente) la imposibilidad de, sin resistencia, hacer ingresar al capital imperialista para explotar los recursos de la Amazonía peruana. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Los grupos de poder planifican nuevas maneras de incursionar y derribar los intereses populares. Pero el pueblo es combativo, y no dudará en seguir mostrando coherencia política en torno a la defensa de sus principios.