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10 diciembre 2008

Próximas tareas: un nuevo año se viene

Voy planificando mis actividades docentes para el próximo año. Siempre es bueno adelantarse un poco al futuro, bajo ciertas condiciones de probabilidad.

En medio de esta crisis del capitalismo, que tanto revuelo está causando últimamente, retomé hace algunos días el dictado de aulas, luego de un prolongado plazo. Los ideales de la juventud siempre son un buen medio para rectificar concepciones metafísicas de la realidad, y comprometerse a formar sus inteligencias en pro de liberarlos del conformismo.

Desean progresar. Quieren mejorar sus condiciones de vida. Aspiran a despegarse la opresión de sus vidas. Mientras tanto, delincuentes de saco y corbata buscan salvar su pellejo pidiendo grandes subvenciones a los Estados, bajo el pretexto de defender la empleabilidad de esos jóvenes. Simple pretexto para parchar las consecuencias de su canibalismo económico.

¿Cómo mostrarle a la juventud esta realidad, sin lastimar torpemente su susceptibilidad, derivada de su formación individualista? Gran tarea que se nos presenta a todos los que estamos en la docencia, y con mayor razón para los que tratamos de desarrollar su capacidad crítica, y no darles mera información.

¿Cómo ayudar en la transformación de sus vidas, y sin que ello implique llenar su cabeza de afirmaciones dogmáticas o panfletarias? Reconozco mis limitaciones, mi relativa insuficiencia para comprender su psicología. Mi entusiasmo es superado, en algunos casos, por mi falta de conocimientos concretos sobre la realidad.

Sin embargo, un sentimiento de solidaridad me llama a capacitarme más, a cubrir la ausencia de ciertos talentos con mucho sudor y trabajo. Al fin y al cabo, es necesario despojarse de las teorizaciones excesivas y continuar con el esfuerzo por construir en la práctica un nuevo mundo posible.

03 enero 2008

Cortinas de humo

Me sorprende que nuevamente vuelvan a salir por los medios, ávidos de tapar la reciente subida de precios de los productos de la canasta básica, el viejo cuco del terrorismo. Supuestamente, en algunos colegios se imparte el marxismo. Eso es lo que ha "denunciado" un diario local de derechas. "Por lo tanto -razonan descocadamente algunos periodistas- nuevamente se está promoviendo la violencia subversiva entre los niños". Horror.

Son tontas, tremendamente tontas las maneras de razonar de la derecha. Una ideología netamente excluyente, promotora de un pensamiento único embrutecedor, incapaz de mirar más allá del propio ombligo pudiente.

En realidad, ninguna propuesta de pensamiento único es aceptable. La ciencia es ciencia, más allá de etiquetas. Pero si en algún colegio se tematiza la realidad, y coincidentemente los planteamientos convergen con los del marxismo y su metodología, ¿qué con ello? Mientras no se encubra la realidad, los maestros siempre harán un gran servicio al pueblo, utilizando todos los recursos científicos para comprender y transformar el mundo.

Hace algunos meses, se hacía un cargamontón con la visita de la actriz norteamericana Cameron Díaz al Cusco, por el solo hecho de llevar un bolso que llevaba una estrella y caracteres chinos con la popular frase maoísta: "servir al pueblo...". Al día siguiente los medios empapelaban los kioskos: "se hiere la susceptibilidad de los peruanos", por el "censurable acto" de aludir indirectamente a la guerra interna de los ochentas. La pobre actriz no tuvo más remedio, en su ignorancia de nuestro pasado reciente, que pedir perdón, sin saber muy bien por qué.

Y hoy día sale el máximo dirigente del SUTEP diciendo "hay que ser ciegos para no reconocer que en el magisterio hay posiciones extremistas". Además (y esto se vió en un canal de cable), mostró supuestos documentos de asistencia de los maestros denunciados, argumentando que ellos, en realidad, habían dictado clases comunes y corrientes (del tipo "las cuatro estaciones del año"). Desmentida innecesaria.

¿Por qué seguirle el juego a oportunistas y creadores de angustias, legitimando implícitamente su mentalidad conservadora? Se ha hecho de sentido común el asumir como sinónimos terrorismo y marxismo. Por ejemplo, un obrero que en su indignación reclama por el abuso de sus patrones es, "indudablemente", un cómplice de los "terroristas que quieren liquidar al pueblo peruano". Falacia evidente.

Ese sentido común ha sido asumido por aquel dirigente del SUTEP, él ha caido en la trampa. Por eso su afán por deslindar con la enseñanza del marxismo en la escuela.

La obra de una pedagogía liberadora es transformar el sentido común, luchar contra la marea mediática que niega que otro mundo es posible, y no caer en el juego de alinearse con los que promueven cortinas de humo, resignándose a impartir discursos conformistas.

Sobre todo, hay que superar la concepción de que la ciencia es imparcial y neutral. Somos parciales, porque estamos a favor de un cambio de la realidad de manera científica. No nos conformamos con el orden social presente, pero tampoco recurrimos a métodos anarquistas e improvisados. No nos pudrimos en el establecimiento, pero tampoco fungimos de alquimistas. No nos horrorizamos de las contradicciones de nuestra sociedad, más bien buscamos superarlas y elevar las estructuras a un nuevo nivel de desarrollo. Pero tampoco vivimos de buenas intenciones...

Es bueno comprender el mundo, pero sobre todo hay que transformarlo. Además, sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Estas son verdades clásicamente planteadas por pensadores marxistas. Si son verdades (por innumerables razones), entonces no veo problema en asumirlas. Asumo algunas verdades descubiertas siguiendo el método marxista. ¿Soy terrorista? ¡Ja!

23 diciembre 2007

Formar y no deformar a las juventudes

Mi labor como docente preuniversitario me ha hecho pensar en la situación del adolescente que lucha por comprender su mundo. ¿Cómo contribuir a su desarrollo? Una concepción científica del mundo no puede olvidar el factor subjetivo. De hecho, las personas que vivimos en esta sociedad necesitamos superar nuestras contradicciones, para que luego salgan nuevas dificultades, también prestas a superarse. La crítica del individuo en desarrollo no puede aplanar a éste, forzarlo a cambiar de la noche a la mañana, sin integrarlo a un proceso.

Esta sociedad neoliberal nos enseña a desconfiar. Efectivamente, nos encerramos en nosotros mismos porque pensamos que pueden hacernos daño. O incluso pensamos que podemos convivir en medio del relativismo y la flacidez de las convicciones políticas. O, de manera más mezquina, simplemente quisieramos tener una burbuja donde encerrarnos, y vivir ahí una felicidad artificial, condenada a desaparecer en el largo plazo.

Sin embargo, en el camino encontramos la posibilidad de rectificar nuestras actitudes negativas, y repotenciar las positivas. Un medio para lograr esto consiste en insertarnos a grupos humanos conscientes y disciplinados. Los estudiantes saben esto, y siempre buscan instituciones que garanticen esta organización.

Las instituciones progresistas, en ese sentido, deben desarrollar la exitosa integración de sus nuevos elementos a su modo de trabajo. No forzarles a asumir de golpe la concepción científica, lo cual sería una actitud utópica. Los nuevos elementos interpretarían justamente esa actitud como sectaria.

Entonces, ¿cómo orientar al que desea progresar? Sin apresuramientos por sacar cambios de la nada (pues de la nada, nada sale), sin liquidar al que se juzga. Sin forzar al compañero nuevo a asumir una posición contraria a la nuestra, para luego acusarlo de conservador y alienado.

Agudizar las contradicciones para superarse es necesario en todo momento. Pero este proceso de cambio individual empieza cuando el sujeto encuentra las condiciones para avanzar. Una olla de presión, ciertamente, no es el lugar más adecuado. La labor del docente es fundamental en esto. Ganarse la confianza del alumno, para que éste sepa que tiene el apoyo y la confianza de su profesor.

Una concepción que ignore estas circunstancias no es científica. Es un simple idealismo metafísico.