El "caso Bagua" y la fuerza actual de los movimientos sociales en el Perú
El 11 de junio, en el centro de Lima, sentí en carne propia el desprecio que el Estado tiene hacia toda forma de pensamiento y praxis divergente. Una agresiva represión policial atacó a la multitudinaria manifestación convocada en solidaridad con las luchas populares en la Amazonía. Pero esa sensación, estoy seguro, es incomparable a la de quienes son directamente perjudicados por las ambiciones de poder de las clases dominantes.Esto me lleva a reconocer algo. Los que, formando parte de la pequeña burguesía, y que a pesar de ello tenemos una filiación proletaria, muchas veces, disvariamos. Nuestra conciencia se desdobla entre la necesidad de afiliarnos a toda causa popular y el deseo de, paralelamente, no perder nuestras actuales condiciones de vida. Por ello a veces no pasamos del discurso bienintencionado.
Algunos hemos completado el salto de una comprensión mítica del mundo a una comprensión racional. Pero el salto decisivo, el salto hacia la práctica, está en agenda pendiente. Nos refugiamos en la ortodoxia y no la transformamos en ortopraxis. Es el dilema de quienes no experimentamos el real estancamiento social de nuestro país, y buscamos mejores condiciones de vida bajo las premisas del sistema. Hay una fuerte ignorancia de la dialéctica social.
Por ello, mi profunda admiración frente a lo que ocurre en la coyuntura política actual. Los movimientos sociales de todo el Perú, con su amplia capacidad combativa, han hecho retroceder al Estado neoliberal, ese que no ha sabido incluirlos, porque su misma esencia repele la concretización de todo poder popular. Y que, sin escrúpulos, generó el genocidio del 5 de junio en Bagua, cuyas reales dimensiones aun están por conocerse. Con ese hecho, se ganó el repudio masivo del pueblo y de la comunidad internacional. Como era de esperarse, la lucha por preservar los recursos naturales y el medio ambiente no cesó por ello, ni se dejó amedrentar por el ataque irracional de los medios afines al sistema.
La derogación de las "leyes de la selva", finalmente, se ha dado. Se impuso lo moral sobre lo legal: el Congreso ha reconocido (por lo menos temporalmente) la imposibilidad de, sin resistencia, hacer ingresar al capital imperialista para explotar los recursos de la Amazonía peruana. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Los grupos de poder planifican nuevas maneras de incursionar y derribar los intereses populares. Pero el pueblo es combativo, y no dudará en seguir mostrando coherencia política en torno a la defensa de sus principios.





