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22 octubre 2013

Autobiografía intelectual: ¿qué necesidad hay de retomar el género autorreferencial?


Retomo esta biografía intelectual, despejados los fantasmas de una censura que en estos tiempos (de supuesta apertura) no tiene sentido.

Y es que considero que toda época necesita émulos de Agustín de Hipona. No por la ideología (el cristianismo es un asco), sino por la actitud de defender apasionadamente la nueva posición que uno abraza, cual Mariátegui, de modo convicto y confeso. Ayer fue el catolicismo, hoy es el socialismo.

Agustín de Hipona dejó el maniqueísmo para abrazar el catolicismo, y lo hizo con la intención de servir a la Iglesia de todo corazón. Y lo hizo arrepintíendose de sus elecciones pasadas, afianzándose en la elección del presente. Asumió que sin establecer una contradicción tajante, no se puede avanzar.

Yo no soy Agustín, no soy ningún arrepentido, ni tampoco me golpearé el pecho. Mi pasado es católico, y lo disfruté. Sin embargo, las nuevas circunstancias me obligan, por cuestión de principios, a liquidar teóricamente ese pasado. Hoy soy socialista, quiero servir al pueblo de todo corazón, sin mediaciones sobrenaturales, y percibo los errores del ser católico. Percibo sus hipocresías y desencaminamientos. Sus falsas esperanzas y el hecho de que ayudé a difundirlas y a promover la alienación de las gentes.

En aquel contexto, mi objetivo era bienintencionado (de la misma materia de la que, como dice el viejo dicho, está empedrado el infierno). Incluso en algunos momentos me aproximé al liberacionismo, amor compasivo y evangélico por los pobres. Pero ya sabemos lo que dicen Marx y Nietzsche sobre la perspectiva misericordiosa...

Me quedé en mi etapa escolar, de la primaria y secundaria. Es necesario reflexionar sobre mis reflexiones de la adolescencia post-escolar, es decir, mi nivel preuniversitario. Eso haré en el próximo post.

26 julio 2009

Centralizando las ideas, afinando la puntería

Anuncio que he cancelado mi blog "Reflexión o Barbarie", para subordinarlo al presente blog. Sin embargo, transcribo en este espacio la única entrada que tuvo esa bitácora (publicada el 11 de diciembre de 2008), que aún suscribo completamente:

Ya decía en una ocasión, que es importante tratar de pensar por sí mismo, aunque sea a partir de balbuceos. La aparente puerilidad del que acaba de descubrir las mieles del pensamiento crítico, y su entusiasmo inicialmente improductivo, se transformarán poco a poco en su opuesto: una reflexión poderosa, siempre y cuando se intente vincular nuestro pensamiento a la realidad, de la misma manera que esta realidad ha engendrado nuestro pensamiento.

Es una empresa que exige el mayor rigor posible. Obviamente, no pretendo ser "imparcial" (dicho estado es imposible de ser logrado por nuestra naturaleza social). Pretendo de darle una mayor fuerza a mis ideas, ligándolas a los intereses objetivos del pueblo y de las grandes mayorías. Deslindo de plano, por tanto, de toda corriente de relativismo falsamente posmoderno (bajo el que se escudan incluso los sectarismos más repugnantes) y me auno a los esfuerzos por comprender mejor la realidad desde una perspectiva materialista crítica y aplicada.

Mientras en otro de mis blogs planteo algunas apreciaciones subjetivas sobre ese proceso de desarrollo, aquí trataré de plasmar algunos pequeños e iniciales resultados. Espero poder conseguirlos (y someterlos a la crítica general) en el mediano plazo.
El 2 de febrero de 2009, David Ventura, un compañero y amigo, comentó a este texto:
De un tiempo a éste, he notado un cambio muy extraño en tu discurso, mi estimado Francisco. Cambio tan extraño que se me hace difícil entender cómo un estudiante de filosofía que pretende manejar un blog "serio" (pienso que es serio ¿no?) suelta frases tan oscuras y ambiguas libremente.

Si tu intento es "reflexionar rigurosamente" ¿Cómo es eso de que la realidad engendra al pensamiento? ¿De qué manera tus motivos personales de estudio se vinculan con los intereses del pueblo? y ¿cuales son los intereses del pueblo?. Tu argumentación es tan segura pero tan segura que terminas por caer en el mismo error que tu increpas en los demás, es decir, en una lectura y un discurso dogmáticos.

Hay un tufillo populista y panfletario en tu blog. Si ello fuera un blog terapeútico para aquellos que ven en el discurso politiquero un remedio a sus transtornos, ten por seguro que mi comentario estaría de más. Empero, como piensas estudiar a Marx y Mariategui, sería bueno que recuerdes que ellos no son más que parte de un proceso, que son más importantes e interesantes como herramientas para el pensar crítico que como doctrinas cuasi religiosas, solo así tal vez se logre algún tipo de cambio con respecto a la condición humana actual. Toma esto como un comentario Francisco, en aras de fomentar una polémica "sana". Cuidate.
Y yo respondí, al día siguiente:
David: muchas gracias por el comentario, pues considero que, viniendo de ti, son reflejo de una sincera preocupación.

Antes de responderte tengo que autocriticarme públicamente por no tener actualizado este blog, que era el ofrecimiento inicial (por lo menos una entrada cada quince días). Las labores cotidianas son absorbentes a veces. Y, a la vez, todavía tengo pendiente acabar con el diletantismo.

Algunos precisiones necesarias:

A propósito de mi interés por vincular mi pensamiento a la realidad, escribo que esto se dará "de la misma manera que esta realidad ha engendrado nuestro pensamiento". Con ello quiero decir que pienso que nuestra estructura mental es fruto del desarrollo de la evolución de la naturaleza material. Así de simple, pero no confundir con el simplismo.

También escribo que "pretendo darle una mayor fuerza a mis ideas, ligándolas a los intereses objetivos del pueblo y de las grandes mayorías". Con ello quiero decir que no concibo mi pensar como un ejercicio de libertad absoluta. Tampoco soy determinista; sin embargo, no puedo negar mis orígenes, y tampoco la clase en la que tú y yo hemos surgido. Por ello, no puedo sino establecer un vínculo de reciprocidad, y tomar posición a favor de los intereses de mi clase social, esforzándome por ligar mi pensamiento a sus objetivos estratégicos.

Ahora, me pides que aclare: ¿cuáles son los intereses del pueblo? Antes de responderte, quisiera explicar lo que entiendo por "pueblo": es el proletariado y el campesinado, y todos los que toman posición a favor de ellos. Como comprenderás, sus intereses inmediatos son instrumentales: conseguir el control de esta sociedad, venida abajo por la mediocridad dirigencial de las actuales clases dominantes. Pero sus intereses objetivos son más profundos: desarrollar nuevos paradigmas de organización estructural y superestructural (o sea, en el ámbito económico y en el cultural) que reemplacen los viejos y caducos modelos provenientes del pensamiento moderno, y su egotismo subjetivista (que, obviamente, tienen como transfondo los intereses de clase de la burguesía)...

Espero que estas afirmaciones (que "ojalá" hayan cumplido la función de aclaración) puedan hacerte comprender que no quiero tener nada que ver con los dogmas tradicionales. Por otro lado, el hecho de que intente "reflexionar rigurosamente" no implica que quiera dejar de tener convicciones fuertes. El asunto es, como tu insinúas, evitar el panfletarismo. Y en esa línea voy. Pero si hay que ponerlo en cuestionamiento todo, obviamente también harán cola, de manera obligatoria, dichas convicciones personales. Hace tiempo que mi mente necesita una buena depuración de ideas erróneas. Pero primero debo identificarlas.

Gracias nuevamente por comentar la entrada inicial de este blog.
Como insinúa el título de este post, el objetivo de la decisión ya señalada es centralizar mis ideas en un solo espacio, que facilite el acceso a las mismas a quienes quieran apoyarme con sus críticas.

18 junio 2009

El "caso Bagua" y la fuerza actual de los movimientos sociales en el Perú

El 11 de junio, en el centro de Lima, sentí en carne propia el desprecio que el Estado tiene hacia toda forma de pensamiento y praxis divergente. Una agresiva represión policial atacó a la multitudinaria manifestación convocada en solidaridad con las luchas populares en la Amazonía. Pero esa sensación, estoy seguro, es incomparable a la de quienes son directamente perjudicados por las ambiciones de poder de las clases dominantes.

Esto me lleva a reconocer algo. Los que, formando parte de la pequeña burguesía, y que a pesar de ello tenemos una filiación proletaria, muchas veces, disvariamos. Nuestra conciencia se desdobla entre la necesidad de afiliarnos a toda causa popular y el deseo de, paralelamente, no perder nuestras actuales condiciones de vida. Por ello a veces no pasamos del discurso bienintencionado.

Algunos hemos completado el salto de una comprensión mítica del mundo a una comprensión racional. Pero el salto decisivo, el salto hacia la práctica, está en agenda pendiente. Nos refugiamos en la ortodoxia y no la transformamos en ortopraxis. Es el dilema de quienes no experimentamos el real estancamiento social de nuestro país, y buscamos mejores condiciones de vida bajo las premisas del sistema. Hay una fuerte ignorancia de la dialéctica social.

Por ello, mi profunda admiración frente a lo que ocurre en la coyuntura política actual. Los movimientos sociales de todo el Perú, con su amplia capacidad combativa, han hecho retroceder al Estado neoliberal, ese que no ha sabido incluirlos, porque su misma esencia repele la concretización de todo poder popular. Y que, sin escrúpulos, generó el genocidio del 5 de junio en Bagua, cuyas reales dimensiones aun están por conocerse. Con ese hecho, se ganó el repudio masivo del pueblo y de la comunidad internacional. Como era de esperarse, la lucha por preservar los recursos naturales y el medio ambiente no cesó por ello, ni se dejó amedrentar por el ataque irracional de los medios afines al sistema.

La derogación de las "leyes de la selva", finalmente, se ha dado. Se impuso lo moral sobre lo legal: el Congreso ha reconocido (por lo menos temporalmente) la imposibilidad de, sin resistencia, hacer ingresar al capital imperialista para explotar los recursos de la Amazonía peruana. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Los grupos de poder planifican nuevas maneras de incursionar y derribar los intereses populares. Pero el pueblo es combativo, y no dudará en seguir mostrando coherencia política en torno a la defensa de sus principios.

23 marzo 2009

Autobiografía intelectual. Parte III: educación secundaria en los albores de mi primera adolescencia


Prosigo con los apuntes autobiográficos.

Autobiografía intelectual. Parte III: educación secundaria en los albores de mi primera adolescencia
Llamo mi "primera adolescencia" a la etapa inicial del cuestionamiento a mis propias tradiciones. La educación básica de mi niñez y la catequesis cristiana de mi pubertad alimentaron ilusiones de avance arrollador para mi futuro. Mi burbuja académica, sin embargo, se reventó frente a la realidad.

Un hecho concreto inició este proceso. Empujado por mi historial de calificaciones, mi familia intentó inscribirme en el colegio parroquial "Nuestra Señora de la Esperanza". Pero rechazaron la solicitud, ya que mi madre estaba separada de mi padre, lo cual suponía un "mal ejemplo" para los directivos de la escuela, puesto que ese simple hecho implicaba que mi familia no estaba "bendecida por dios".

En parte, considero, este rechazo fue un hecho positivo (impidió que fuera formado en un entorno sectario y falsamente "pacífico"), pero también tuvo elementos negativos que son objeto central de este post.

Seguí, pues, en el colegio de mi primaria. Decidido a continuar mi preparación y estudios. Sin embargo, otras fueron las condiciones de mi formación en el nivel secundario. El año 1993 fue un año desastroso para la economía y la moral social de mi país. Fujimori, el japonés que nos gobernó bajo la aquiescencia de la clase dominante del Perú, demolía lo poco que quedaba de la frágil institucionalidad proletaria, tanto a nivel formal como no formal. Su neoliberalismo salvaje, mediado por directivas imperialistas, perjudicó aún más la educación estatal. El populismo corrupto del Alan García versión 80s fue la condición de posibilidad de esta reacción furibunda de los sectores más fundamentalistas del empresariado.

Mi educación estuvo, pues, dirigida intencionadamente para formarme como una pieza de engranaje del capitalismo más burdo. Mis compañeros y yo no éramos conscientes de ello. Sólo lo mediocre de las sesiones de clase y la lumpenidad creciente del entorno escolar nos daban algunas señales de lo que ocurría a nivel macro.

Docentes arribistas que se lamentaban de su situación en la escuela pública; profesores autoritarios e intolerantes que nos restregaban nuestra ignorancia y la incomprensión de sus métodos; catequistas de religión que nos condenaban al infierno si no nos "convertíamos a cristo". Del lado de los alumnos, la mayoría de mis compañeros sólo se preocupaban por el fútbol y las fiestas. Otros, nos reducíamos al segundo plano o desarrollábamos una personalidad huraña. En fin, toda una lección de descomposición social y jibarización sistemática.

Mi interés por los estudios disminuyó. Detestaba el colegio. Mis notas disminuyeron y se abrió un intervalo de oscuridad cognoscitiva y valorativa. La década pérdida del Perú se tradujo también en mi vida personal. Mientras tanto, una constitución farsante más fue aprobada bajo una dictadura neofascista, las luchas populares se aplacaban bajo el pretexto de la "guerra contra el terrorismo" (tan de moda hoy a nivel mundial), y se intentaba reducir a las masas peruanas a una mole pasiva, cuya principal víctima fue la juventud. Paralelamente, miles de campesin@s terminaban de ser esterilizad@s, intimidad@s, masacrad@s, torturad@s, asesinad@s.

Mis compañeros y yo crecimos embobados, resentidos, o indiferentes. Corría el año de 1997 y terminé la experiencia de la secundaria de una manera extremadamente anodina. Ese fue el caldo de cultivo que influyó en muchas de mis posteriores decisiones y tomas de posición eclécticas; fue el inicio, la alborada de una primera adolescencia conflictuada y alienada. Pero ya hablaremos de ello en una próxima oportunidad.

08 febrero 2009

Autobiografía intelectual. Parte II: pubertad, educación cristianizante y ciertas aproximaciones a la realidad


El desaforado y calumnioso comentario de un troll anónimo me ha suscitado (por supuesto, sin espíritu de revancha hacia la nada, que nada es) el deseo de retomar mis apuntes autobiográficos. Ha pasado ya más de un año desde que empecé a escribir al respecto.

Vuelvo a reiterar los objetivos de esta sección del blog: mi interés no se encuentra en hacer alarde de mi vida, con la finalidad de hacer un elogio de mi persona. Si ese fuera el caso, pondría maravillas sobre mi vida, cuestión que no he plasmado en ningún escrito público ni privado. Menciono cosas positivas y negativas, tratando de ser autocrítico e ir a las causas concretas de mis diversos pasos de vida. Y, a su vez, exponer mi proceso de desarrollo, desalienarme y socializar mi experiencia en servicio del pueblo. Recomienzo, pues, la tarea.

Parte II: pubertad, educación cristianizante y ciertas aproximaciones a la realidad.
Decía al final de la primera parte de esta sección que mi niñez me dejo una "primera capa de alienación que barnizaba mi ser", ya que me educaron en separar en mi mente y en mi praxis el trabajo intelectual del trabajo manual. Sin embargo, con los noventas habría de desarrollarse una década en la que nuestro país vio obstaculizado su proceso de cambios, en consonancia con las exigencias de los movimientos sociales. Fue una época traumática, donde la violencia inflingida por los agentes nacionales del imperialismo contra toda forma de protesta social dejó una huella que hasta ahora permanece en la conciencia de las masas.

Mi vida personal no fue ajena a ello. Mi pubertad la inicié con una preparación catequística para el sacramento de la primera comunión. La potencia de los mitos cristianos en el ambiente sectarizado de una parroquia de clase media -el "Nuestra Señora de la Esperanza", en la zona de Salamanca, distrito de Ate- fue muy efectiva. Me parecieron muy interesantes las historias de la Biblia, por su nivel de fantasía, y por sus contenidos moralizantes.

Pero una cosa era el aprendizaje y otra la praxis concreta en estos ambientes religiosos. En mis compañeros de formación catequética, no podía dejar reflejarse una época donde el neoliberalismo empezaba a considerarse como la solución a todos los conflictos sociales, y la promoción del "espíritu de empresa" se consideraba la panacea. Notaba en muchos niños algo que no podía procesar racionalmente, y que sólo ahora identifico como clasismo. Esas diferenciaciones (del tipo "yo tengo mucho, tú tienes poco") me parecieron absurdas. Sólo me impresionaba lo aferrado a las cosas que estaban algunos niños, algo que no encajaba con mi educación, condicionada por mi pobreza material. En ese contexto, inicié mi "segunda fase" de formación en la ideología católica.

Sin embargo, lo que considero realmente un hito en mi vida es mi aproximación a la realidad con la lectura de una famosa historieta de los años 80: El Cuy, de Juan Acevedo. Uno de mis tíos maternos -el que se hizo cargo de mi manuntención, hoy fallecido- había juntado, de manera un poco temerosa por la absurda represión del aprismo, ejemplares de el "Diario Marka" (un períodico de izquierda de los ochentas). Ahí venían esas historietas, entre otras que trataban de reflejar un poco la realidad que vivíamos en el Perú. Pero, estando en Lima, ellas no pasaron de parecerme un interesante reflejo de lo que sucedía en zonas lejanas, tan lejanas que hasta llegaba a concebir como imaginarias. La rutina de mis familiares, de pasar el día para sobrevivir, no les permitía darme nociones sobre lo que sucedía en un país tan conflictivo como el nuestro. Sólo mi tío me hablaba de transformar el mundo y eliminar las sociedades de clase, pero en un lenguaje que no entendía.

Luego vino la secundaria, época que abordaré en la próxima entrada de esta autobiografía.

18 enero 2009

Lima, la enrejadamente horrible


Hoy se cumple un aniversario más de la fundación de la ciudad de Lima. Podría hacer una aproximación subjetiva a la realidad de este enclave del imperialismo estadounidense. Pero mi vida personal serviría poco para representar el devenir de esta ciudad.

Me explico. Mientras en otras zonas del Perú se libraban fuertes luchas entre las fuerzas emergentes y los grupos de poder en el país, mi niñez y adolescencia pasaba en aquella ciudad sin mayores novedades. Yo crecía en la ignorancia de una realidad que cambiaba vertiginosamente.

No recuerdo exactamente cuándo empecé a abrir los ojos a la verdadera realidad limeña. Pero fue, eso sí, después de salir del colegio. Si algo contribuyó a ello, fue definitivamente el intervalo entre mi etapa post-escolar y mi etapa preuniversitaria. En aquellos momentos, aprovechaba mi tiempo libre en acercarme a lo que ahora es la Biblioteca Pública de Lima (antes Biblioteca Nacional del Perú).

En esa biblioteca, Nietzsche y Descartes me ayudaron a liberarme de la ingenuidad de pensar que el mundo se reducía a mis problemas personales. Luego, la revista Quehacer y los ejemplares pasados de los diarios ochenteros me ayudaron a hacer una reconstrucción objetiva de lo que pasaba en mi ciudad mientras yo era un párvulo.

La alienación, sin embargo, continuó. Mi posterior etapa nihilista me cegó los ojos sobre la realidad proletarizada e indigenizada de mi ciudad y, cuando aquella etapa alcanzó cierta superación, me llevó a sumarme a las luchas democrático-burguesas contra el fascismo de Fujimori. Después, como es conocido, el fascismo descarado de Fujimori cayó, dando paso a uno más encubierto y demagógico. Sin embargo, el llamado "Perú profundo" me era una incógnita, que hasta ahora lamento no comprender muy bien...

Fuera ya de recuerdos personales, podríamos afirmar que –siguiendo el esquema historicista– la generación limeña que me antecedió no fue consciente de la crisis que desangraba a mi país, hasta que dicha crisis se desbordó y le tocó sus intereses. Y, ante los cambios incesantes que atentaban contra su cómoda vida, no tomaron mejor decisión que tratar de salvar su propio pellejo.

En términos más precisos, fueron en realidad los grupos más privilegiados de Lima (y, por ende, del Perú) los que reforzaron su burda actitud ante la violencia provocada por su propia mediocridad dirigencial. Y con violencia no me refiero solamente a la insurgencia subversiva de los años de la guerra interna, sino también, cómo no, a los fenómenos de lumpenidad en nuestra ciudad.

Antes de todo eso, Lima ya era una ciudad horripilante por su tradicionalismo, si tomamos en cuenta los certeros ensayos de Sebastián Salazar Bondy. Pero, frente a la insurgencia de los nuevos actores sociales, los representantes de la limeñidad decidieron replegarse en burbujas de falso progreso de esta ciudad. Atrincherados en urbanizaciones residenciales, sus acciones no pasaron de tratar de conservar lo poco que queda de sus años de esplendor.

Muestra de ello son las rejas que cierran el paso a las calles más nice de Lima. Yo vivo en una zona intermedia, entre un barrio marginal y un barrio residencial, de clases medias (que si bien es una categoría inaplicable en el Perú de hoy, utilizo como metáfora). Las rejas muchas veces impiden una llegada directa a mi casa, donde llego cansado de mis labores docentes. La situación es peor mientras más "exclusiva" sea la zona.

El fenómeno es, por supuesto, sólo un indicador de lo que sucede en mi ciudad. Hace referencia a la respuesta insuficiente que las clases dominantes dan a los muchos robos de los que han sido víctimas por parte de las bandas delincuenciales organizadas (las que, dicho sea de paso, son utilizadas por ellas mismas, cuando se trata de amedrentar a los grupos organizados de trabajadores). Aquélla respuesta, de manera escandalosamente implícita, forma parte de maneras de ocultar el clasismo de quienes no quieren ver las huellas de la pobreza de la que son directamente responsables.

Pero hay, por necesidad, un futuro. Y este es un pronóstico que no creo que esté muy alejado de lo objetivo: Lima, hoy un bastión de la reacción, en las décadas venideras debe ser tomada por las fuerzas que harán de este país una sociedad más justa.

10 diciembre 2008

Próximas tareas: un nuevo año se viene

Voy planificando mis actividades docentes para el próximo año. Siempre es bueno adelantarse un poco al futuro, bajo ciertas condiciones de probabilidad.

En medio de esta crisis del capitalismo, que tanto revuelo está causando últimamente, retomé hace algunos días el dictado de aulas, luego de un prolongado plazo. Los ideales de la juventud siempre son un buen medio para rectificar concepciones metafísicas de la realidad, y comprometerse a formar sus inteligencias en pro de liberarlos del conformismo.

Desean progresar. Quieren mejorar sus condiciones de vida. Aspiran a despegarse la opresión de sus vidas. Mientras tanto, delincuentes de saco y corbata buscan salvar su pellejo pidiendo grandes subvenciones a los Estados, bajo el pretexto de defender la empleabilidad de esos jóvenes. Simple pretexto para parchar las consecuencias de su canibalismo económico.

¿Cómo mostrarle a la juventud esta realidad, sin lastimar torpemente su susceptibilidad, derivada de su formación individualista? Gran tarea que se nos presenta a todos los que estamos en la docencia, y con mayor razón para los que tratamos de desarrollar su capacidad crítica, y no darles mera información.

¿Cómo ayudar en la transformación de sus vidas, y sin que ello implique llenar su cabeza de afirmaciones dogmáticas o panfletarias? Reconozco mis limitaciones, mi relativa insuficiencia para comprender su psicología. Mi entusiasmo es superado, en algunos casos, por mi falta de conocimientos concretos sobre la realidad.

Sin embargo, un sentimiento de solidaridad me llama a capacitarme más, a cubrir la ausencia de ciertos talentos con mucho sudor y trabajo. Al fin y al cabo, es necesario despojarse de las teorizaciones excesivas y continuar con el esfuerzo por construir en la práctica un nuevo mundo posible.

04 septiembre 2008

Retomando el camino


Este medio año ha generado las condiciones para que puedan reasumirse algunas tareas. Entre ellas, la de este blog.

Debo reconocer que las actividades prácticas son muy absorventes, y tienen la propiedad de bloquear transitoriamente un pensar explícito. Sin embargo, las sucesivas experiencias (que no son sólo mías) van generando cúmulos prerreflexivos, que sirven de materia prima para estructurar, en momentos de aparente calma, una teoría renovada.

Y, bueno, durante estos días, donde uno ha llegado a enfrentarse hasta a la muerte (o a la conciencia de ella y de su realidad esencial) he salido con un saldo positivo, dado que a pesar de las duras circunstancias, no he reforzado las actitudes "existencialistas" que algunos compañeros me critican (y que obviamente yo también reconozco y me autocritico). Incluso, mi espiritualidad cada vez más laica y materialista ha provocado que me vaya desprendiendo de preocupaciones inútiles, y que evite reducir todos los temas posibles a mi singular subjetividad, o a una concepción angustiocéntrica.

Cada vez obtengo más certeza de que el mundo está condicionado por factores materiales y concretos. En este contexto, me reafirmo en la práctica del pensamiento crítico, esperando en lo venidero generar condiciones para que, a su vez, pueda aportar un poco más.

06 febrero 2008

Por ahora no más autobiografía

Por diversas razones, dejo para un momento posterior (tal vez muy posterior) mis apuntes autobiográficos. Mis tareas actuales no dan tiempo para reflexionar sobre aspectos de mi vida personal. No es timidez ni vergüenza, es algo imperioso.

De otro lado, la otra vez leía en un diario limeño, que los blogs no son simples ejercicios de exposición de cuestiones subjetivas. Que lo que debería ser escrito como producto de mucho tiempo de pulido, muchas veces, por la lógica inmediatista de la internet, termina siendo publicado de manera muy deforme. Buen punto. Es importante no dejarse arrastrar por esa lógica caótica.

Habrá un mejor tiempo para reflexionar concienzudamente sobre mi pasado. Las responsabilidades ante un colectivo son mayores que los proyectos individuales, pues los primeros incluyen a éstos.

Para concluir: recordar el viejo dicho primero vivir, después filosofar. Espero que pronto hayan mejores condiciones. Mientras tanto, uno trabaja para la transformación de su entorno. En la práctica se verá que el presente blog va plasmando una mejor orientación.

18 diciembre 2007

Autobiografía intelectual. Parte I: niñez y educación pública

Considero que para iniciar un proceso de reflexión serio sobre la realidad debo asentar mi posición dentro de ella. Es por eso que he decidido iniciar unos apuntes autobiográficos, que me permitan desarrollar ese objetivo. En esa línea, pretendo crear las condiciones que me permitan un trabajo filosófico riguroso y liberado de prejuicios.


Los lectores de este blog podrán encontrar, si en su intención está el leer estas líneas, el camino que he seguido en este mundo contradictorio, y que es posible de racionalizar sólo en la medida que aprehendamos su configuración dialéctica. Mi objetivo es mostrar cómo he llegado a comprender que es bueno interpretar el mundo, pero que sobre todo hay que transformarlo.

Parte I: niñez y educación pública.

Nací en Lima, el 13 de marzo de 1981. Es decir, actualmente cuento 26 años, una edad en la que la situación social ya exige una participación política contundente y desarrollada. Lamento no estar aun en esas condiciones. Pero con optimismo vengo desarrollando esa tarea desde hace algunos meses. Coincidentemente, desde que creé este blog.

Psicoanalíticamente hablando, soy un individuo que no ha sido inmune a los diversos traumas que el entramado social promueve, regido por un capitalismo neurotizante y que, por ello mismo, es un sistema inviable, sin posibilidades de ser sostenido más allá de algunas cuantas décadas más.

Mi madre es separada, desde que yo tenía cuatro años. En ese sentido, los primeros años de mi vida fueron desarrollados en un contexto de pobreza material y espiritual. La situación social que se vivía en aquél entonces, era de una guerra interna agudizada, que desnudaba las contradicciones estructurales del sistema político peruano.

Soy un hijo de la guerra interna, por lo tanto. Esto lo digo sin afán de victimizarme. Creo que es un hecho importante de resaltar, porque ello marcó la educación que me brindó la escuela pública. Ésta, mediatizada por el Estado, estaba orientada sobre todo a sembrar miedo a los cambios. Mi educación primaria fue, centralmente, en el colegio "Mariscal Toribio de Luzuriaga" de la urbanización Olimpo, un sector clasemediero del distrito limeño de Ate. Lo que recuerdo de esto (y aquí hace falta una investigación de contexto) es que la formación era netamente academicista.

Los profesores nos alentaban a la lectura y el estudio, pero no nos decían para qué. Sin embargo, hubo una excepción. Recuerdo especialmente a mi profesor de ciencias naturales (creo que se llamaba Dagoberto), que intentaba introyectar en nosotros una concepción cientista de la realidad. Liberal y algo anticlerical, nos enseñaba a no ser niños dóciles y callados frente a los abusos de los adultos contra los que teníamos corta edad. "No tienen obligación de darle asiento a una señora joven en el bus, por más mujer que sea, ni que fuera anciana", nos decía, buscando liberarnos del machismo imperante, tan propagandizador de la imagen femenina, que la ve como un ser débil y digno de privilegios innecesarios.

Luego nos hablaba de no hacer caso a nuestros padres o a los sacerdotes, sólo por ser padres o sacerdotes. Nos planteaba que debía haber otro requisito: que lo que nos dijeran fuera razonable y verdadero. Nos exigía mucho en los estudios, por lo que los padres de familia se quejaban contra él, por no ser flexible. A pesar de ello, fue el mejor modelo de profesor que tuve.

Otra cosa que recuerdo con claridad sobre mi temprana personalidad es que tenía habilidades para los estudios. Mi madre (que era estudiante de estadística en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos) me impulsaba a ello. Sobre todo las matemáticas y el arte. Me gustaba mucho resolver ejercicios de aritmética, y dibujar era uno de mis placeres de niñez. Esto repercutió en la escuela, donde detectaron que yo tenía un cierto coeficiente intelectual por encima del promedio. El profesor Dagoberto hacía referencia a mi desempeño académico para defenderse de otra de las acusaciones de los padres de familia, que iban en el sentido de que él dictaba temas "que eran para niños de secundaria".

Era introvertido. Pero, a pesar de ello, mi "época de operaciones concretas" resultó bien llevada. Algunos de mis profesores de primaria resaltaban mi inteligencia y me ponían como ejemplo ante mis compañeros. Eso abrió en mí un sentimiento egocéntrico, que fue equilibrado (por suerte) por un entrañable grupo de tres amigos, de los que no sé hasta ahora mucho. Con ellos evité el aislamiento social, y subsané la brecha que existía con mis demás compañeros.

En conclusión, la fase primaria de mi preparación intelectual asentó en mí semillas de academicismo. He acumulado diplomas de aquellos tiempos. Lo positivo es que aprendí un primer nivel de la disciplina, la cual, en las etapas posteriores de mi vida, después de mi "estado de relajación" durante la secundaria, siempre he querido retomar. Lo negativo es que una primera capa de alienación barnizaba mi ser: empezaba a separar el trabajo intelectual del trabajo manual. Me veía como un presidente, o como un científico, pero no como un obrero, como un luchador social.

El colegio no fue mi único centro de formación. También estuvo la influencia de la educación catequística católica. Pero de eso hablaré en el próximo post sobre el tema.

25 noviembre 2007

Crítica y autocrítica

Durante las últimas semanas he aprendido positivamente a enfocar mejor mi entorno, comprendiéndolo de una manera más apropiada. Las apariencias del mundo, a pesar de su atractivo, no esconden ya a mis ojos su estructura problemática y necesaria de modificaciones.


Sin embargo, mi peor deficiencia al momento de analizar la realidad cambiante se da al momento de seguir el método de la crítica y la autocrítica.

Algunos compañeros ya me lo han hecho notar: mi crítica es muy suave, "muy reflexiva", cuando se trata de fijar una posición clara frente a realidades francamente negativas. Y, de otro lado, mi autocrítica es burocrática, planteada en el horizonte del "por cumplir", y no pretende establecer compromisos serios para el cambio.

Lo explícito de estas observaciones me han tenido seriamente preocupado. Lejos de mí el sentir una "culpa" metafísica frente a estos aspectos negativos. Pero estoy profundamente interesado en ser el agente de mis propias modificaciones.

Debido a ello, he estado tratando de investigar sobre la tradición de entender el mundo revolucionariamente, es decir, para transformarlo. Los maestros del pueblo nos enseñan la necesidad de no temer plantear con firmeza una crítica, mientras esta sea lo más objetiva posible. Y también, en su pedagogía liberadora, nos muestran que la mejor manera de autocriticarse es dejar de lado la soberbia, y admitir la posibilidad de encontrar falencias en sí mismo.

Especialmente me ha parecido atractiva la imagen del médico, que cura a los demás, pero también tiene la posibilidad de curarse a sí mismo. O que, en caso de que no note su enfermedad, tiene el apoyo del colectivo para darse cuenta de ello, y extirpar su mal.

En ese camino estoy. Asumiendo la tarea de comprender la concepción científica del mundo, fortaleciéndome en la lucha contra las actitudes reaccionarias y, por qué no, también en la lucha de líneas en el seno del pueblo.

02 agosto 2007

Avanzar en esta realidad

Nos planteamos en la vida un conjunto de compromisos. Mejorar y no empeorar. Dejar de ser alienado, ser un hombre nuevo. Este progreso, entendido dialécticamente, no tiene nada que ver con la vieja idea del desarrollo lineal. Es más bien, como parafraseaba Mariátegui, un camino escrito con sangre, una aventura de saltos sorprendentes, pero también de estancamientos y retrocesos estrepitosos.

Este individuo, el que escribe estas líneas, se confiesa responsable de muchos retrocesos en su vida. Demás está plantear en concreto el detalle de esas taras. Pero hay cosas generales, que se pueden enumerar. Garrafales coqueteos inconscientes con un pensamiento conservador y metafísico. Pensar que las ideas bastan para cambiar el mundo. Priorizar la teoría sobre la práctica. Desconocer el contexto y asumir una actitud pragmática y liberal... Todo ello enmarca ingratamente mis esfuerzos por liberarme de la alienación.

Comprendo entonces que la libertad, de la que hablaba en el post anterior, no se obtiene entre suspiros y esperanzas intimistas. Que todo esfuerzo por obtener mayor conciencia de la realidad forma parte de un empeño colectivo, cuya lógica recién estoy empezando a comprender...

Hoy reinicio la vida práctica, y vuelvo a las aulas a cumplir mi labor docente. Seguiré ganando mi libertad, mientras trato de infundirla a mis alumnos.

01 julio 2007

Una nueva oportunidad

En el actual curso de mi crecimiento, experimento una fase de transición. "Todo fluye", decía Heráclito de Éfeso. Este filósofo, dentro de su escepticismo social, había enunciado una gran verdad: la constante variabilidad del ser.

Pues bien, mi ser sigue esa línea. La capacidad de autodeterminación está en aumento, habiendo superado ya mucho de mi pesimismo originario. Mis carencias en la formación no me impiden darme cuenta de mis conflictos internos, que sólo podrán ser superados con decisión.

Conservo mi identidad, pero no niego la relatividad de mis actitudes. Como en el comienzo, Heráclito triunfa sobre Parménides.

26 junio 2007

En medio del sueño de mi razón

Quiero barrer con mi dogmatismo liberal. Ése que, consciente o inconscientemente, solemos practicar quienes nos encontramos en esta economía "social" de mercado. Sin embargo, he aquí que tengo trabajos pendientes, fruto de mis dificultades para planificar, y nuevamente la flojera que quiere ganarme.

Tengo que acabar estas tareas. Y, sin embargo, una plácida pero terrible llamada al sueño me impide continuarlas. Aún está por verse si concreto esta amanecida...

La vieja búsqueda del filósofo de acceder a una esfera distinta del ser, mediado por esta condición humana a veces incontrolable, mediado por esta oscura ignorancia de mi propia naturaleza (1). Como admirador del espíritu revolucionario, no pretendo lograr este acceso para distinguirme de los demás (elevarme altanera, nietzscheanamente, por sobre todos), sino para poder realizar mejor mi servicio a la sociedad.

Esta tarea de fumigación de mi ser no es nada fácil. Aún hay mucha basura ideológica que desechar. La inserción en el mundo continúa, mientras sé que estoy a la zaga de las clases populares. Trataré de seguir su ejemplo...
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(1) Me niego a permanecer en la ignorancia, atribuyendo estos fenómenos internos a un "egoísmo esencial". No estoy para justificar esta situación sobre la base de mitos.

22 junio 2007

Mi proceso de desarrollo, en proyección...


Soy estudiante de filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Este blog pretende ser, en parte, un reflejo de mis cambios internos, en el proceso de mi inserción progresiva al contexto de lo real. Lo que en la tradición progresista se llama alienación, eso es lo que voy superando poco a poco.

En primer lugar, me interpreto como un individuo formado en un ambiente ecléctico. Ecléctico he sido, pues. Una vocación por la pluralidad me impide, a veces, darme cuenta de los errores de filosofar en base a retazos.

Sin embargo, no soy pesimista. No soy una piedra, ni estoy en el vacío. Hoy por hoy trato de asumir una actitud de autocrítica constante, en busca de un mayor enraízamiento de mi ser-en-el-mundo (a drede utilizo esta terminología para mis fines, sin desconocer su esencia fascista, repudiando tajantemente a ésta).

En segundo lugar, me entiendo como parte de cambios más grandes, cambios por venir a escala estructural. No se necesita ser adivino: soy sólo un ser humano con alguito de conciencia. Mi condición de individuo no está en contradicción con mi ser social.

Mi dogmatismo liberal está en trance de ser barrido. También mi infantilismo de izquierda. Cierta autoridad estudiantil en mi escuela habla de dejarse de discursos panfletarios. Bien, pues. Comencemos. Fuera panfletos. Sentemos posición seriamente, sin máscaras pluralistas.